viernes, 18 de diciembre de 2015

35- Cabreada por cabrearme

Las cuatro mirábamos absortas la pantalla de mi móvil... Tras mucho escribir y borrar, el whatsapp al fin parecía haber quedado al gusto de todas:

"Buenas tardes Sr. Admirador Secreto,
 muchas gracias por interesarse por mi bienestar hoy. He pasado un día muy agradable aunque reconozco que algo cansada después de la fantástica velada de anoche. Te odio un poco, pero creo que mereció la pena. 
Su Admirada Secreta"

–Bueno chicas, lo mando ya. Tres, dos...

–¡Espera! – Cris me agarró fuertemente del brazo.- ¿No creéis que eso de "Admirada" queda un poco pedante?

–¡Para nada! –gruñó Alex, que había tenido la idea de firmar de ese modo que a mí me parecía que tenía su gracia.

–No, me parece que está bien. Le devuelves el mismo tono con el que él escribió. Lo mismo que hemos hecho al poner "fantástica" noche, tal y como él la describe –dije ya cansada de analizar el texto y con ganas de enviarlo de una vez. Le habíamos dado tantas vueltas que ya ni me importaba cómo había quedado, sólo quería mandarlo. Así que, sin previo aviso le di a "enviar".

–¡Hecho! –grité triunfante. Nunca me hubiera imaginado que iba a trabajar tanto en un miserable whatsapp, ni que las chicas se esforzarían tantísimo en ayudarme. De pronto me sobresalté, había quedado para cenar con Javi.

–¿Qué hora es? –dije con el corazón en un puño. No podía volver a dejarle colgado otra vez. Miré el móvil, eran las nueve menos cuarto. –Chicas, ¡me tengo que ir pitando!– Dije mientras me ponía en pie de un salto y buscaba la cartera para dejar mi dinero.

–¿A dónde vas tan deprisa? –preguntó– Victoria con cara sorprendida.

–He quedado para cenar con Javi y ayer ya le dejé colgado... Bueno, ya lo sabéis porque os lo encontrasteis en casa, o eso me ha dicho.

–Sí, vino cuando te acababas de ir y, por cierto... –Alex quería explicarme lo de que Javi llegó con las pizzas, ya lo sabía, pero iba a llegar tarde y no quería que pensara que volvía a olvidarme de él.

–Sí, sí, lo sé, sé que llegó con las pizzas y todo eso... no pasa nada, ahora compro unas para compensarle.

–No hará falta que le compenses nada, creo que alguien se ocupó de él ayer –soltó Cris con una sonrisa pícara en la cara.

Esa respuesta me paró en seco. Las miré a las tres y me di cuenta de que algo había pasado.

–Bueno, ¿alguien va a aclararme de qué va todo esto?

–No pasa nada –dijo Alex como nerviosa. —Ayer cuando llegó Javi con las pizzas, al ver que no estabas quiso dejárnoslas. Yo le dije que se las llevara y las aprovechara con alguien y me pidió que por qué no le acompañaba…

–Ahí te dejamos nosotras –indicó Cris sonriendo y mirando a Victoria,—así que también nos preguntábamos cómo había acabado “tu” noche.

Debó reconocer que mi primera reacción fue quedarme petrificada y fuera de juego. Alex, “mi” Alex, se había ido a cenar con Javi, “mi” Javi… ¿y?

–No saquéis las cosas de contexto –se defendió rápidamente ella.—Simplemente fuimos a su casa a comer pizza y estuvimos hablando.

–¡¿Fuiste a cenar a casa de Javi?! –me oí preguntar con una voz algo más aguda de lo que normalmente mi voz me parecía. –Pero si nunca le has soportado. ¡Siempre has dicho que es un prepotente patético! –objeté indignada, muy a mi pesar, sin saber muy bien el porqué de mi indignación.

–No es cierto, eso solo lo comenté una vez hace muchísimo después de una fiesta en tu casa y, si no recuerdo mal, Cris me secundaba.

–Venga, venga, queremos detalles –Cris seguía pinchando y no se rendiría tan fácilmente.

–No seas mala –le reprendió Victoria sin poder disimular que se estaba divirtiendo.—Quizá esto moleste a Paula…

De pronto las tres miradas se habían posado en mí y yo no sabía qué sentía, ni qué contestar.

–Sabéis perfectamente que Javi es mi mejor “amigo”, como un hermano.

–Si, bueno, pero vuestra relación siempre ha sido difícil de entender desde fuera –observó Cris, mientras Victoria asentía y Alex la miraba con cara de odio.

–¿Cómo difícil? Es una relación de amistad. Es un amigo al que quiero mucho y le cuento muchas cosas… vosotras ya sabéis cómo va… pero no sentimos atracción el uno por el otro.

De todos modos da igual –me interrumpió Alex,– ayer no pasó nada que merezca comentarios. Comimos pizza, bebimos un buen vino y hablamos mucho… Me sorprendió que no es como lo imaginaba… un tío engreído y cantamañanas. Es realmente inteligente e interesante.

–Eso he dicho yo siempre, pero ¡a vosotras no os daba la gana de escucharme y siempre os metíais con él!—exclamé con mi indignación in crecento.

–Paula, tienes que reconocer que Javi cuando quiere puede proyectar una imagen difusa –sentenció Cris.

En ese momento sentía un cabreo importante y, lo peor, me cabreaba estar cabreada porque no sabía por qué sentía eso. Javi era “mi” amigo y nunca se había llevado muy bien con las chicas. Ni él las tragaba, ni parecía que ellas pudieran con él, y yo siempre había intentado poner paz y entendimiento entre ellos. Finalmente se toleraban, siempre con algún comentario jocoso hacia el otro. Así que, el hecho de que se hicieran “amigos” debería alegrarme. Pero la sola idea de imaginarme a Alex sentada en el sofá de Javi bebiendo vino con él se me hacía… molesto… Me molestaba y no entendía ¿qué me estaba pasando? Demasiadas cosas nuevas para mí en muy poco tiempo, tenía que ser eso.

lunes, 14 de diciembre de 2015

34- Decidiendo qué decidir

No acabábamos de ponernos de acuerdo entre las cuatro. Alex recomendaba no contestar al mensaje de Ojos Rasgados. Bajo su punto de vista tenía que hacerme la dura y misteriosa, no dejar que pensara que me tenía ahí segura. “A los tíos hay que ignorarlos lo máximo posible, ese es el secreto que las mujeres no acaban de entender. Cuanto más pasas de ellos más encima de ti están”. Tengamos en cuenta que esto lo decía una mujer que tenía un éxito notable con los hombres, a la que literalmente se le tiraban encima, así que su consejo ¿era aplicable a todo tipo de mujer? ¿Las normales, las de andar por casa, también podían permitirse hacer eso? Yo no acababa de verlo muy claro…

Por otro lado, Cris pensaba que sí debía contestar pero haciéndome la interesante. Debía dar señales sin dejar que se viera que estaba mucho por él. Otra contradicción, mostrar interés sin mostrarlo… “Y ¿por qué no puedo ser yo misma?”. ¿Por qué hace falta tanta estrategia, tanto fingir, tanta tontería? No poder sentirse libre es bastante frustrante. Todo esto me hacía sentir que para que Lucas mantuviera su interés por mí tenía que ser un fraude, dejar de ser yo y empezar a actuar según unas reglas, algunas absurdas para mí, con el fin de  conseguir se atención.

Victoria, que decía no estar inspirada, me aconsejó que hiciera lo que mi cuerpo me indicara  que era lo mejor. ¿Qué me pedía? “Pues el cuerpo me pide que le llame y le diga que en quince minutos le veo en mi casa para volver a desvestirle y hacer el amor con él hasta mañana. Volver a sentirle, su aliento, sus besos, sus caricias, sus manos sobre mí…”

¿Me estaba volviendo loca o qué? Nunca había experimentado un deseo tan fuerte e intenso por nadie… ¿Era este el famoso enganche físico del que había oído hablar? ¡A mí no me pasaban esas cosas! Aunque no podía negar que solo pensaba en la noche que habíamos pasado juntos y deseaba que se repitiera mil veces. Así que estaba enganchada, era eso. No me gustaba nada la sensación porque me sentía llena de angustia, no sabía cómo reaccionar. Quería ser yo misma pero me daba miedo meter la pata y no volver a verle. ¿Quizá debía esperar a ver a Freud y pedirle su opinión como hombre? La idea no acababa de convencerme. Javi a veces era demasiado protector e, incluso, a veces, posesivo y no sabía hasta qué punto podía fiarme de él en esto.

¿Qué me decía mi interior? Pues por un lado me decía que no perdiera un solo segundo más en contestar y que le dijera algo para que supiera que yo estaba “allí”, receptiva. Por otro, la idea de hacerle esperar me seducía también. ¿Y si él estaba ansioso como yo? Imposible, un hombre no es como una mujer. Ellos no se complican la vida como nosotras, son prácticos, Lucas tenía pinta de ser muy, muy práctico. No me lo imaginaba pensando obsesivamente en mí, ni pasando un mal día en el trabajo. Todo lo contrario, estaba muy seguro de sí mismo, por eso me había enviado un mensaje sin decir que era él. Probablemente ya sabía que me tenía “atrapada” bajo su embrujo maligno de hombre irresistible y, cuando pensaba en eso, me daba mucha rabia.

En un momento dado me vi con la mirada de mis tres amigas y compañeras de fatigas clavadas en mí esperando mi reacción. No acababa de decidirme… Pero algo dentro de mí me decía que contestara, que diera alguna señal, que no me mostrara indiferente o quizá no volvería a saber de él.

–Chicas, agradezco mucho vuestros consejos… pero el cuerpo me dice que conteste algo y, además, que sea algo honesto.

Sabía que había dicho la palabra mágica que nadie es al principio, “honestidad”. No iba a mostrar todas mis cartas, ni mucho menos. Podía mantener un tono gracioso como el suyo. Pero lo que no haría era no ser yo misma, fingir ser otra persona, decir tonterías que se esperara o no que dijera.

–¿Alguna sugerencia de cómo puedo empezar el mensaje? –dije con cara de desesperación.

viernes, 9 de octubre de 2015

33- Elucubrando

Las chicas no tardaron en llegar. La primera fue Cris, que no podía aguantar las ganas de saber “ya” cómo fue, qué pasó… pero no iba a contárselo para luego tener que repetirme, así que tuvo que esperar estoicamente hasta que las otras dos miembros del Club llegaron.

Una vez estábamos todas, con nuestros lattes delante, les conté con todo lujo de detalles mi noche anterior. Obviamente no entré en detalles muy íntimos, aún cuando Alex se empeñara en hacerme mil preguntas intentando averiguar si “Ojos Rasgados” era un buen amante. Y lo cierto es que lo era… o al menos eso me había parecido a mí.

Una vez relatada la velada, junto con el detalle del sms recibido minutos antes, se hizo el silencio.

–Está claro que le gustas –sentenció Cris con su peculiar estilo de decir algo como totalmente definitivo.

–Bueno, algo supongo que le gusto, pero tampoco sé exactamente si ha sido un rollo de una noche o le gusto para algo más que eso…

–Si hubiera sido un simple rollo no te habría enviado el mensaje –Cris continuaba convencida.

–No sé, estoy algo confundida. No ha comentado nada de volver a verme.

–Pero firma el mensaje como “un admirador”. Eso suena a algo más que un rollo de una noche.— Esta vez fue Victoria la que habló. Cuando ella decía algo me lo tomaba algo más en serio… no es que la opinión de Cris no me sirva, pero sí es cierto que Victoria es mucho menos fantasiosa y más realista.

–Ya, pero también puede ser una tontería… puede que se quiera dejar una puerta abierta.

–Vamos a ver, –dijo Alex– por mi experiencia si un tío no quiere nada más contigo no vuelves a saber de él. Desaparece tal cual apareció. Es cierto que no habla de verte de nuevo, pero quizá espere algún tipo de respuesta por tu parte… ¿y si él se está haciendo las mismas preguntas que tú?

–Bueno, a mí me parece que juega con ventaja –respondí.– Él me invitó a cenar, vale, pero luego no hizo alusión alguna a volver a vernos, ni a contactar conmigo, ni me pidió mi número...

–Cierto, pero puede pensar lo mismo que tú. Tú también podías haber hablado de volver a verle o pedirle su teléfono.—sentenció Alex.

–No sé chicas, yo igual estoy muy anticuada pero, francamente, los hombres me tienen perdida, no sé cómo debo comportarme o qué debo hacer nunca. Si les llamas porque les llamas y les agobias, si no, porque desapareces… la cuestión es que ni ellos se aclaran.

–Cariño, ya hemos hablado muchas veces de esto. Los hombres ahora son entes totalmente distintos a los que nos “enseñaron” que eran. –dijo Cris.

–Eso es cierto, yo cada vez estoy más convencida de que cuando peor les trates mejor. Cuando te ven pendiente de ellos, les contactas o algo similar se agobian. Sin duda cuanto más pases de ellos al final parece que es mejor– Alex seguía con su teoría de que a los hombres no se les puede tratar bien. Siempre defendía esa postura, contraria a Cris que sigue creyendo que el amor eterno existe y que los príncipes aún andan por estos lares. Lo complejo es encontrarlos.

Victoria estaba bastante callada. No suele ser la más habladora pero me llamó la atención su silencio. Se le veía como absorta, como si no estuviera con nosotras.

–Victoria, ¿va todo bien? –pregunté.

La pobre dio un respingo al oír su nombre. Sin embargo, no era mi intención llamarle la atención sino averiguar si le pasaba algo.

–Perdona, sí, es que estoy cansada hoy. La niña está enferma y he tenido que trabajar pendiente de ella que estaba en casa de la madre de Nico. En el fondo es una suerte poder seguir contando con mi “ex suegra” pero, claro, eso también significa tener que estar recibiendo mensajes de Nico y me agota…

–Vaya, lo lamento –dije. Me consta que Victoria, aunque al final acordara una relación cordial con su ex marido, en el fondo no era capaz de llevarla bien. Sin duda, yo no creo que fuera capaz de hacerlo tampoco si alguien me traicionase de esa manera. Siempre he admirado a mi amiga por su fuerza, coraje y, sobre todo, su capacidad de aguante.

–No, no pasa nada. Yo lo siento por tener hoy la cabeza algo dispersa… Te diré una cosa, si ese chico quiere algo contigo, entonces, que se lo curre. ¡Ya está bien de tener que estar siempre rompiéndonos la cabeza por cómo proceder o qué hacer o decir!

–Me parece una idea fantástica –Cris habló muy seria.—Si el señor quiere algo más, que se lo curre él. Como bien dices él empezó con esto.

Desgraciadamente no creo que estuviera tan segura como parecía. Cuántas veces se le había acercado a alguna de nosotras un hombre que nos había gustado para, de repente, hacer un “movimiento extraño” como desaparecer después de pasarse  semanas sin dejar de escribir a diario mensajes, o algo similar.

Yo me encontraba perdida, tanto respecto a lo que sentía como a cómo proceder. De pronto se me contagió el espíritu rebelde de mis amigas. Si el señor Lucas quería algo conmigo estaba en su mano hacer algo. Pero él me había escrito ya…

–Estoy de acuerdo pero, ¿no debería contestar a su mensaje? –pregunté algo angustiada.

jueves, 8 de octubre de 2015

32- Maldita incertidumbre

En todo el día no conseguí concentrarme en el trabajo. Por un lado, imágenes de la noche anterior volvían continuamente a mi mente provocando que todo mi cuerpo se estremeciera. Por otro, no podía olvidar mi conversación de esa mañana con Javi. En el fondo no me apetecía nada ir a cenar a su casa y no era precisamente por la cena, sino porque me temía que lo que iba a contarme no me iba a gustar.

Mientras estaba en la pausa de la hora de comer, delante de mi ordenador, con una sándwich, intentando terminar un informe en el que no conseguía concentrarme, me entró un sms en el que Cris pedía “Reunión hoy a las 19h en el Tierra de Nadie para que Paula nos cuente cómo fue anochedirigido a  los miembros del “Club de las mujeres que comen sin problemas”. Había quedado con Javi para cenar, pero podía pasar antes por el bar para ver a las chicas. Sin saber bien si era o no conveniente adelantarles ya que “Ojos Rasgados” parecía ser un ente peligroso, decidí que era mejor no decir nada hasta haber averiguado de qué se trataba.

El día se me hizo eterno. Entre el cansancio y la sensación de desazón que tenía pasé una tarde fatal en que no conseguí hacer lo que tenía que hacer.

Cuando llegó la hora de irse cogí el bolso y salí a toda prisa a oxigenarme. Pocas veces me ha pasado el haber perdido un día como ese sin ser productiva. Subí al coche y puse el piloto automático hacia el “Tierra de Nadie”.

Cuando llegué al bar me di cuenta de que aún era pronto. Estaba tan ansiosa por irme de la oficina que me había dado más prisa de lo normal. Aunque, por otro lado, si ninguna de las chicas había llegado me daba la oportunidad de poder hablar con Marina. Quizá ella me contara algo de Lucas. Claro que era su hermana, por lo que no me diría nada malo seguro. Aparte, me sentía incapaz de preguntarle nada directamente. Ni siquiera sabía si Marina estaba enterada de mi cita de la noche anterior. Mejor no decir nada por el momento no fuera a tener que arrepentirme…

Al entrar pude comprobar que, efectivamente, llegaba la primera. Había poca gente en ese momento y Marina me saludó con la cabeza desde detrás de la barra y me hizo señales de que me acercara.

–Hola Cielo –dijo mientras secaba unos vasos.– Qué pronto llegas hoy, ¿no?

–Sí, bueno, hoy no tenía demasiado lío –mentí,– así que por lo que veo llego antes que las demás.

–Aha, hoy toca reunión pues –comentó sonriendo. Marina estaba enterada de nuestro método para quedar por sms ya que Cris, por supuesto, se lo había contado.

–Sí –contesté sonriendo.

–Espero que ninguna tenga problemas.

–No, no, para nada. Todo está bien. No pasa nada de lo que haya que preocuparse.

–Me alegra saberlo –respondió.

–Voy a ir sentándome, veo que nuestra mesa está vacía.

–Me parece muy bien, ¿te llevo algo Cielo? –preguntó mientras seguía secando vasos.

–Un latte cuando puedas, gracias –dije intentando sonreír.

Empezaba a notar el cansancio de haber dormido poco junto con la resaca de haber bebido más de la cuenta. En circunstancias normales me habría sentido alegre, plena, quizá algo eufórica… pero no era el caso. Entre que no había visto a Lucas por la mañana, no había sabido de él en todo el día (algo obvio pues no le había dado mi teléfono) y el comentario de Javi, una extraña sensación, parecida a tristeza mezclada con unas gotas de decepción y aderezada con un fugaz “otro más como todos” me invadía.

Me senté en nuestra mesa a la espera de que llegaran las chicas y mi latte cuando, de pronto, me sonó un aviso de sms. Cogí el móvil sin ganas y casi se me cae al suelo cuando veo que de un número desconocido me habían escrito:

“Buenas tardes,
espero que haya usted pasado un buen día tras una noche fantástica, aunque quizá no muy indicada un domingo previo a un lunes laborable. Espero que no me odies mucho, con que solo sea un poco me doy por satisfecho.
Un admirador secreto ;)”

Me quedé como embobada mirando la pantalla. Saa quién me enviaba el mensaje. ¿De dónde había sacado mi número? Todo mi cuerpo se estremeció y se me puso cara de tonta sonriendo como si me hubieran liberado de un peso que me oprimía el pecho con fuerza… “es él, y ha pensado en mí”.

jueves, 24 de septiembre de 2015

31- Despertando

Cuando abrí los ojos al sonar la alarma de mi móvil Lucas no estaba a mi lado. Me incorporé de golpe y en seguida vi una nota sobre la mesilla de noche.

“Gracias por una noche maravillosa. Tenía que irme para arreglar unas cosas antes del trabajo y estabas tan preciosa dormida que no te he querido despertar.
Un mordisco en los labios,
Lucas”

El corazón me latía con fuerza. Se había ido y yo no me había dado ni cuenta, eso me produjo una sensación de desánimo. La nota no decía nada de llamarme o de volver a vernos, algo que me provocó cierta ansiedad. Sentía algo de resaca y mucho sueño, pero no podía perder el tiempo pues tenía una reunión a primera hora. Me levanté deprisa para prepararme para ir al trabajo. Me duché, me puse un poco de colorete y rimel y salí corriendo hacia la puerta pues iba a llegar tarde, algo que nunca hago.

Cuando iba a salir, en el suelo, encontré otra nota. Esta estaba escrita con una letra que conocía bien:

“Me he encontrado con las chicas cuando llegué con las pizzas y ya me han informado de que tenías una cita esta noche. Supongo que se te pasó avisarme. Espero que lo pases muy bien,
Besos
J”

Cogí el teléfono y le llamé inmediatamente.

–Buenos días Afrodita –contestó alegremente. Podía oír que tenía puesto el manos libres del coche. –Ya me contaron ayer que estuviste ocupada y acompañada.

–Javi, lo siento muchísimo, se me pasó avisarte, fue una cosa algo precipitada…

–No te preocupes, me alegro por ti si lo pasaste bien.

–Sí, estuvo bien, fue una noche muy agradable –contesté un poco sin saber qué decir.

–Y ¿qué tal fue? ¿hubo tema? –preguntó riendo.

–¡Javi! Menuda pregunta… ¿no se te ocurre nada mejor que decirme?

–Oye, no te enfades, si es algo que siempre me has contado.

–Bueno, sí, algo hubo…

–¿Y cómo has quedado con tu enamorado? No me has dicho cómo se llama.

–Pues hemos quedado en que ya hablaríamos –mentí. –No le conoces, ha llegado hace poco, casualmente es el hermano de Marina, la dueña del “Tierra de Nadie”, y se llama Lucas.

Se hizo un silencio. Me pareció que se había cortado.

–Javi, ¿estás ahí?

–Sí, estoy aquí…

–¿Qué pasa? ¿se te ha comido la viperina lengua el gato de pronto?

–¿Sabes su apellido?

–Pues la verdad es que no… Marina recuerdo que tiene un apellido que es como un nombre de pájaro, pero ahora no lo recuerdo.

–¿Gavilán? –preguntó con voz grave.

–Sí, exacto, eso es. ¿Cómo lo has sabido?

–Porque me parece que sí conozco a tu Lucas… trabajó con nosotros una temporada. Había oído algo sobre su vuelta por aquí.

–¿Qué dices? ¿Crees que Lucas trabajaba en tu empresa?

–¿Cómo es? ¿Físicamente?

–Es muy moreno, alto, atlético…

–Pues creo que es él… Y si es el caso, no tengo muy buenas referencias que darte.

–Venga Javi, ¡estás celoso! Siempre que me gusta alguien acaba dándote rabia.

–Paula, Lucas Gavilán es un tío... podríamos decir que peligroso.

–Pero ¿qué estás diciendo? –pregunté, no sin sentir en mi interior que las alarmas del día anterior volvían a activarse.

–Ahora estoy llegando a la oficina y no puedo seguir. ¿Te vienes a casa a cenar y hablamos?

–Me parece que te estás equivocando pero vale, te veo sobre las nueve en tu casa. Llevaré pizzas, te las debo de ayer…

–Muy bien. Nos vemos luego.

Cuando colgué una sensación extraña me invadió. “Peligroso"… algo me decía que lo era y ahora esto... No quise seguir escuchándome. Cogí el bolso, los papeles y las llaves y me apresuré a salir por la puerta, aunque ya llegaba tarde.


miércoles, 23 de septiembre de 2015

30- En sus brazos

De pronto la puerta del ascensor se abrió y entramos a toda prisa. Una vez hube pulsado la tecla del segundo piso Lucas volvió a besarme, esta vez con menos suavidad, como si fuera a devorarme con los dientes mordió mi labio inferior volviendo a provocar un calambrazo por todo mi cuerpo. Me empujó con delicadeza contra la pared y me inmovilizó con su cadera mientras pasaba su mano por mi espalda, enredando sus dedos en mi pelo y tirando de él suavemente hacia atrás mientras acariciaba mis labios con su lengua. Comencé a sentir algo que no había sentido nunca, un deseo incontrolable.

La puerta se abrió de nuevo y le cogí de la mano guiándole hacia mi apartamento. Sentía  que no podía esperar más, pero él, de pronto, estiró de mi brazo volviendo a empujarme contra la pared. La sola idea de que algún vecino apareciera me hizo empezar a respirar cada vez con más fuerza. Su mirada oscura sobre mí me dejó sin aliento.

–Eres preciosa –dijo mirándome fijamente a los ojos y besándome de nuevo. Le volví a coger de la mano y tiré de él de nuevo hacia mi puerta. Una vez delante de ella volví a revolver en mi bolso en busca de las llaves, esta vez con más suerte. Una vez dentro encendí la luz.

–¿Quieres tomar algo? –logré articular recomponiéndome un poco.

–Te quiero a ti –respondió mirándome muy serio. En ese momento ya no pude contenerme, nos abalanzamos el uno sobre el otro en medio del salón. Me subió a horcajadas y me acercó al sofá.

–No, a la habitación –dije indicándole dónde estaba mi cuarto.

Me depositó sobre la cama, alejándose de mí para mirarme. Creí que iba a derretirme. Alargué el brazo y tiré de él por la camisa hacia mí. Nos desvestimos el uno al otro con impaciencia y me hizo el amor como nunca nadie lo había hecho antes. Primero despacio, con mucho cuidado, luego más fuerte, más intenso. Yo me sentía sumida en una nebulosa de sensaciones desconocidas. Nunca había experimentado un nivel de excitación igual, ni había sentido que me compenetraba con alguien de un modo similar.

Al terminar nos quedamos tumbados entrelazados, yo apoyada en su pecho mientras él me acariciaba la espalda. Ambos nos habíamos quedado como en un extraño estado de sosiego. De pronto oí su respiración profunda, se había quedado profundamente dormido. Le miré, su rostro estaba totalmente relajado y tranquilo y abrió los ojos lentamente.

–Hola –dijo en un susurro.

–Hola –respondí no pudiendo evitar una sonrisa.

–No nos hemos portado muy bien finalmente –su mirada pícara se iluminó.

–Me temo que no mucho. Mañana me voy a acordar mucho de ti en el despacho.

Cerró los ojos y echó la cabeza atrás mientras seguía acariciando mi espalda y bajaba la mano un poco más hasta rozarme la parte baja de la cintura.

–Sí, es una pena que sea tan tarde… porque me encantaría comerte entera otra vez.

Mi cuerpo se convulsionó y sentí un gran deseo de nuevo. Alcé la vista desde donde estaba apoyada y vi su barba, abundante, que ya empezaba a dibujar una sombre negra y sexy por los lados de su rostro. Estaba irresistible.

Volvió la vista abajo y me encontré con sus ojos que me taladraron de nuevo. No pude hacer nada para negarme o resistirme. Volvimos a hacer el amor más intensamente que la otra vez, si eso es posible, y acabamos agotados sumidos en un sueño profundo hasta que se hizo de día.

martes, 22 de septiembre de 2015

29- Irremediablemente perdida

Después de los postres y unas copas más de champagne Lucas me miró divertido.

–Bueno, me parece que es hora de que la lleve a casa señorita. Mañana creo que debe usted ir a trabajar.

Era cierto, el día siguiente era lunes. Tenía mil cosas en el trabajo e iba a tener que hacerlas frente con una buena resaca. Otro de mis problemas, mi escasa o, mejor dicho, inexistente tolerancia al alcohol.

–Sí, lo cierto es que se ha hecho algo tarde.

–Eso suele ocurrir cuando uno está disfrutando el momento. El tiempo pasa y uno no lo ve.

Nos levantamos sin que nadie se acercara con la cuenta.

–La cuenta… –dije algo incómoda.

–Esta es una invitación mía, no te preocupes por nada. ¿Vamos?

–Muchas gracias, ha sido una cena fantástica en un sitio precioso…

–Me alegra que te haya gustado –dijo complacido.

Una vez nos levantamos nos acercamos a Marcos que estaba detrás de la barra arreglando la presentación de una bandeja.

–Como siempre ha sido un placer y un gusto estar aquí –dijo Lucas.

–Me alegra oír eso, espero que todo haya sido de vuestro agrado –respondió mirándome.

–Estaba todo buenísimo y te felicito por el lugar… es precioso.

–Muchas gracias –respondió sonriendo.—Espero que el resto de la velada la paséis muy bien.

Le guiñó un ojo a Lucas y luego le dio de nuevo un efusivo abrazo. A mí se me acercó con una amplia sonrisa y me dio los dos besos de rigor.

Una vez en el coche conseguí relajarme un poco. Lucas me abrió la puerta para que entrara. Luego condujo con cuidado mientras nos dirigíamos a mi casa. De pronto un montón de pensamientos se agolparon en mi cabeza. “Y ahora ¿qué? ¿Se supone que tengo que invitarle a subir a tomar algo? Y si sube, ¿qué hago? Nunca he llevado a nadie a mi casa en la primera cita”. Sin duda nunca nadie había despertado en mí las sensaciones que él provocaba. Por un lado me apetecía que subiera a casa, no quería que la noche acabara. Por otro lado me aterraba que subiera y verme sola con él.

Cuando llegamos aparcó en la puerta y apagó el motor. “O no, ahora llega el momento”.

–Ya hemos llegado. –dijo girándose hacia mí.

–Sí, ya estamos aquí… –no sabía qué decir. –¿Quieres…?

–Me encantaría subir, pero no quiero molestarte si quizá mañana tienes que madrugar o estás cansada.

–Bueno, tengo que madrugar pero puedo ofrecerte… un café… Lo cierto es que no suelo tener alcohol en casa, no tengo mucho que brindarte.

–Un café está bien –dijo sonriendo.– ¿Estás segura?

–Sí, claro –respondí inmediatamente. “Ahora ya no hay marcha atrás. Va a subir. Tampoco pasa nada por tomar un café…”

Lucas me abrió galantemente la puerta del coche para que saliera, algo a lo que solo mi padre me tiene acostumbrada. Una vez fuera me puso la mano en la cintura mientras me acompañaba a la entrada de casa. Todas las células de mi cuerpo se revolucionaron con su solo contacto.

Una vez delante de la puerta nos quedamos uno frente al otro. Ojos Rasgados me miraba intensamente, su mirada se había tornado más oscura si eso es posible. Abrí el bolso y comenzó la guerra de siempre en busca de las llaves que desaparecen en él por arte de magia… Sonreí nerviosa.

–Siempre pasa igual, este bolso es como un agujero negro.

–No te preocupes, no hay prisa –dijo con esa mirada intensa que no me dejaba concentrarme.

De pronto oí el tintineo al fondo. Al fin había dado con ellas. Intenté abrir la puerta pero la llave no quería entrar en la cerradura o la cerradura no quería a la llave… la cuestión era dejarme en evidencia.

–Paula, ¿estás nerviosa? –la pregunta me descolocó por completo. Alcé la vista para encontrarme con sus ojos.

–No… simplemente… me desconciertas –logré balbucear.

Ahí estábamos, uno frente al otro. Me penetraba con la mirada. De pronto me acarició la cara con la mano muy suavemente… Retiró un mechón de pelo que me caía sobre los ojos con mucho cuidado.

Cerré los ojos y respiré profundamente, podía olerle, olía muy bien. Sentía una corriente por todo el cuerpo recorriéndolo de arriba abajo. Noté sus labios, muy suave y lentamente, sobre los míos mientras me sujetaba con ambas manos por la nuca. Nuestras lenguas se rozaron, muy despacio y otro corrientazo me recorrió de nuevo.

Me sujetó por la cintura fuertemente. Eché la cabeza hacia atrás mientras me besaba el cuello. Mis manos le recorrían la espalda, fuerte y ancha… empecé a sentir que me mareaba…

–Creo que convendría subir o acabarás con muy mala fama entre tus vecinos –me susurró al oído.

–Sí… –abrí los ojos despacio. Conseguí introducir la llave en la cerradura y abrir. Me cogió de la mano y me condujo lentamente hacia el ascensor. Llamó, volvió a ponerse frente a mí cogiéndome fuertemente de la cintura y me atrajo hacia él… Ahora sí estaba perdida, irremediablemente, completamente…