miércoles, 16 de septiembre de 2009

4- "Ojos Rasgados"

Finalmente me llevé las dos películas. Debo reconocer que “Ojos Rasgados” tenía razón, el thriller resultó ser demasiado sangriento para mi pobre hígado. Aguanté media hora y lo tuve que apagar. Aún así no pensaba reconocerlo.

Al día siguiente en cuanto me desperté decidí ir a devolver las películas. Normalmente nunca tengo prisa en hacerlo pues me da mucha pereza, así que las suelo devolver el lunes. Me sale algo más caro, pero para un vicio que tengo... me consta que a un fumador lo suyo le sale bastante más costoso que a mí.

Era sábado, hacía un día estupendo y sin saber por qué me desperté de muy buen humor. Me duché tranquilamente, me hice un pilling en la cara con una crema que llevaba pudriéndose en el armario hacía años. Me sequé el pelo con el secador, cosa que no hago jamás. De pronto me sorprendí a mí misma ¡maquillándome! “A ver, Paula, ¿qué coño estás haciendo? ¿Maquillarte para ir al videoclub? ¡Pero si no te maquillas ni para ir de cena!”.

Algo estaba pasando y, aunque no quería reconocerlo, sabía muy bien el qué. Quería verle, necesitaba verle otra vez. Algo en mi interior me llamaba a comprobar si realmente volvería a sentir lo mismo que la noche anterior, aquella extraña atracción, aquella sensación desconcertante.

“¿Y si ahora voy y no está?”. Una sensación de pánico se apoderó de mí. Intenté analizarlo. Soy muy cerebral, siempre me lo dicen. Por eso no suelo ser muy buena consejera en asuntos sentimentales. Cuando una amiga tiene un problema con su novio, marido, amigo, amante... sólo puedo hacer de oreja y asentir a todo lo que dice, porque si realmente le dijera lo que yo haría probablemente la mataría de una depresión. No las entiendo, la verdad. Es cierto que amar y ser traicionado es doloroso, pero en esta vida creo que debemos ser muy exigentes y selectivos con la gente de la que nos rodeamos. Sé que es una cuestión de carácter, pero si a mí me fallan una sola vez ya no puedo volver a confiar.

La cuestión, analizando cerebralmente mi conducta, veía claramente que, aparte de querer volver a ver a “Ojos Rasgados”, también quería que él “me viera a mí”. La noche anterior, tras el mostrador se había encontrado con una chica con cara cansada, sin maquillar, chorreando agua, con el pelo hecho un desastre... En el fondo me alegró comprobar que algo femenina soy, después de todo.

Para rematar la faena me puse mis vaqueros “de lujo”, unos pitillo ajustados que, por lo visto, me quedan muy bien, con una blusa estampada bastante escotada que me regalaron mis amigas en mi último cumpleaños en un intento de que mi interés por la moda despierte. No sé por qué están empeñadas en que, como dicen ellas, “saques partido a ese cuerpo que Dios te ha dado". Tengo suerte porque, por mucho que coma, estoy siempre delgada, y de mi abuela heredé una buena delantera, algo que los hombres no pueden evitar mirar cuando se percatan de ello. En el trabajo nunca llevo escote pues no hay nada que me fastidie más que estar hablando sobre un tema importante con un compañero y que, en lugar de hablar conmigo, hable con mis tetas. En el fondo son unos seres básicos, ¿qué le vamos a hacer? A veces me he preguntado si estas son esas “armas de mujer” de las que tanto hablan. Bueno, pues como tengo un buen par de ametralladoras ese día pensaba amortizarlas.

En el coche camino al videoclub intenté no seguir pensando tanto en el tema. En el fondo no tenía ninguna importancia. El día anterior había sido largo y duro, estaba hecha polvo cuando pasé a por las películas. Es normal que cansada como estaba me pillaran con la guardia baja. Seguro que si ahora le veía no sentiría nada extraño.

En la radio empezó a sonar “Sympathy for the Devil” de los Rolling, una de mis canciones favoritas. Puse el volumen a tope y empecé a cantar a grito pelado. Yo nunca canto, ni siquiera en la ducha, soy consciente de que si lo hago es bastante probable que una tormenta con rayos incluidos nos caiga encima en el acto. Pero no pude reprimirme, “Pleased to meet you, hope you guess my name, but what’s puzzling you is the nature of my game…”

Aparqué tranquilamente delante del videoclub. Me bajé del coche, cogí las pelis y me dirigí hacia la puerta. A medida que me acercaba el corazón empezó a latirme con más fuerza “¿Y si no está? ¿No me habré pasado con la blusa?... Paula, ya que estás haciendo el ridículo mejor será que esto acabe lo antes posible”.

En la entrada, si fuera creyente, me hubiera santiguado. Tomé aire, cogí fuertemente el pomo, empujé la puerta y entré.

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