jueves, 24 de septiembre de 2009

9- Hacia un lugar seguro

Colgué el móvil y me apresuré hacia mi coche. ¡Qué ganas me habían entrado de ver a Javi! Luego no le podría decir a las chicas que esto se lo había contado a él antes que a ellas porque si no, ¡me matan!

De pronto paré en seco, ¿debía entrar a despedirme de Lucas? Después de todo se había tomado muchas molestias por mí. No tenía por qué y me había explicado todo lo del alquiler de pelis del cajero, aparte había tenido mucha paciencia, no se había dejado ni un detalle y… me moría de ganas de verle, sólo hacía dos minutos que había entrado y ya le echaba de menos. “Esto no es normal”. ¿Por qué intentaba engañarme a mí misma? Entiendo que hay gente que busca cualquier excusa para engañar a otros, pero engañarse a uno mismo… ¿Por qué justificarme? En el fondo sabía que no le debía nada, es su trabajo explicar a los clientes cómo funcionan las cosas, pero quería verle, me moría por verle, ¡si no le veía me iba a dar un ataque!

Volví hacia atrás, en dirección a la entrada del videoclub. “Entro y digo adiós, o mejor entro y le doy las gracias y le digo que volveré… o simplemente entro y…”. Mientras cavilaba Lucas salía. Nos encontramos en la puerta, él saliendo y yo entrando.

–Lo siento, los proveedores, ya sabes… perdona que te he dejado ahí –dijo cuando nuestras miradas se encontraron.

“Atención, Paula, concéntrate en respirar que se te ha olvidado y te vas a poner morada”.

–No te preocupes, no pasa nada. Iba a entrar para despedirme, es que me tengo que ir…

–Claro, con este día que hace… espero que te haya servido mi explicación. Si no te ha quedado algo claro no tienes más que decirlo –estábamos bloqueando el paso en la puerta. Él la sostenía abierta con el brazo en alto, pero aún así una pareja que quería entrar tuvo dificultades.

–Bueno, me voy, que no te dejo trabajar –dije bajando la mirada. Dios, estaba coqueteando descaradamente.

–No te preocupes, Jaime está dentro, es muy competente –me miraba y sonreía. Yo intentaba mirarle, conseguía sostener su mirada unos segundos y automáticamente mis ojos bajaban–. De todos modos voy a entrar a echarle un cable. Hasta que Rubén no vuelva…

–Rubén, ¿es el otro chico? –pregunté algo precipitadamente. Sin querer estaba descubriendo la identidad de todos esa mañana.

–Sí, está de baja porque ha tenido un accidente. No ha sido grave, afortunadamente, pero estará un mesecito sin poder trabajar.

– ¿Un accidente de tráfico? –pregunté sin pensar en lo indiscreta que estaba siendo.

–Pues, lo cierto es que no… se cayó por las escaleras volviendo de marcha y se ha roto un par de costillas, un brazo y tiene algunas contusiones –contestó con un gesto cómico en la cara. Me dio la impresión de que el “accidente” de Rubén debía de haber causado más de una broma entre sus compañeros.

Un mes de baja… ¿y luego qué? ¿Estaba Lucas sustituyéndole o se quedaría después también? Sólo un mes y quizá no le volvería a ver… “Pero si no le conozco de nada, le he visto dos veces, ¿cómo puedo estar pensando en que me va a afectar no volverle a ver?”

– ¡Qué barbaridad! Espero que se mejore. Si le ves dale un saludo… bueno, aunque no creo que sepa quién soy, pero…

–Seguro que lo sabe –me interrumpió “Ojos rasgados” taladrándome con la mirada.

“Soy yo ¿o me ve hasta el intestino grueso cuando me mira? ¿Es su forma habitual de mirar o lo hace sólo con las mujeres? ¿Sabe el efecto que produce? Pobre ilusa, ¡por supuesto que lo sabe! Quizá hasta lo ensaya delante del espejo”

–Ejem, bueno, no creo, pero se los das igualmente –dije intentando parecer lo más natural posible. Lucas me miraba divertido y empecé a notar cómo las mejillas se me encendían, momento ideal para irme.

–En fin, me marcho –no sabía cómo irme pues me sentía pegada al suelo. Mis pies no querían moverse, su deseo era quedarse allí para que yo pudiera mirar a Lucas, simplemente mirarle, nada más. “Me estoy volviendo loca, esto no es normal. Empiezo a hacer cosas de loca desesperada. Necesito urgentemente una dosis de realidad. Necesito a Freud, necesito a Javi…”

–Pasa un buen día y disfruta del sol –me dijo sin dejar de sonreír.

Yo hubiera preferido que se hubiera alarmado ante la idea de que me fuera y que me hubiera invitado a un café o algo así para seguir conmigo, como lo que hacen los tíos de las comedias románticas que alquilo. ¡Menuda tomadura de pelo! Comedias románticas con chicos que no existen y final feliz.

–Sí, claro, eso haré. Igualmente, pasa un buen día… –tenía ganas de preguntarle si lo pensaba pasar íntegramente allí metido, pero me callé.

Nunca se me ha dado bien lo de que mis amigas llaman “entrarle a un tío”, vamos, que no lo he hecho en mi vida. Quizá por eso no me ha ido muy bien que digamos con los hombres, aunque también debo reconocer que siempre he sido muy selectiva con mis parejas, es decir, los dos novios que he tenido en 33 años. Ya sé que no son muchos, pero mejor calidad que cantidad… que en mi caso, encima, no ha sido de esa manera, pero así es la vida… Ahora no me voy a quejar pues la antisocial, como me llama Javi, siempre he sido yo. No es que no me gusten los hombre, ¡todo lo contrario! Lo que no me van son los rollos de una noche, ni los tíos sin cerebro… y tampoco me van los prepotentes, ni los machistas, los narcisistas, los chulitos… Javi tiene razón, tengo suerte de que al menos haya un hombre, osea él, que me aguanta. Aunque no es mi pareja, a veces parece mi marido.

Me di la vuelta intentando dar un aire sexy a mis movimientos y casi me tuerzo el tobillo por culpa del impulso. No suelo ser patosa, sólo cuando estoy delante de Lucas, por lo visto. Menos mal que no se notó o, al menos, eso espero.

Mientras me acercaba al coche estuve tentada de girarme a mirar si seguía en la puerta o si había entrado ya. Estuve a un pelo, pero no me atreví. Me subí y arranqué, di marcha atrás y puse el “piloto automático” hacia un lugar seguro.

No hay comentarios:

Publicar un comentario