miércoles, 16 de septiembre de 2009

2- Lloviendo a cántaros

Llovía a cántaros. Había intentado aparcar el coche lo más cerca de la puerta posible, pero no fue suficientemente cerca. Entré chorreando, como si acabara de salir de la ducha, pero con la ropa puesta.

Me dirigí directamente a la zona de “Novedades”. Siempre lo hago, no sé por qué ya que al ir tan a menudo me he visto casi todas las pelis y es difícil que haya algo nuevo que no haya alquilado ya. Excepto a principios de mes, cuando llega la nueva reserva, ¡uno de los mejores momentos de la semana! Me acerco a los estantes y descubro los nuevos títulos, ¡las Novedades del mes! Supongo que debe ser comparable a cuando le dan la bolsita de coca al drogadicto, el mismo subidón pero algo más saludable. Es una sensación indescriptible, pelis nuevas, droga para mi soledad.

Chorreando como estaba empecé a pasar los dedos por las carcasas vacías. Normalmente, como al llegar ya es un poco tarde, no suele quedar mucha cosa libre. Pero “Aquel Viernes” en que todos celebraban el Amor había bastante donde elegir.

No me apetecía llevarme algo romántico. Generalmente la comedia romántica es uno de mis géneros preferidos, fácil de ver, entretenida, con final feliz... sin embargo, en ese momento en que sabía que “el amor estaba en el aire” tenía ganas de una buena película de acción, con muchos tiros y mucha sangre o, incluso, una de guerra.

Me llamaron la atención dos pelis, un thriller por un lado y una de acción y tiros por otro. Como no sabía por cuál decidirme estuve barajando la idea de llevarme ambas. Como buena cliente asidua, ante la duda, siempre acudo al mostrador y pregunto a los chicos que trabajan allí y que me recomiendan muy bien. Además, como voy tan a menudo ya me conocen. Lamentablemente no sé sus nombres. Sólo sé que uno, el más joven, al que yo le echaría veinte años, moreno y con cara de pillo, es el que mejor me entiende y me aconseja. No sé por qué pero pilla al vuelo lo que estoy buscando ese día y tiene una sensibilidad especial para intuir lo que puede gustarme o no. El otro, algo mayor y más serio, quizá es más experto pero, como es un poco seco, si puedo elegir me acerco a “mi amigo”, el jovencito.

Me dirigí hacia el mostrador rebuscando en el bolso pues me había sonado un aviso en el móvil de que me habían mandado un mensaje. Cuando busco algo en el bolso siempre me pasa lo mismo, ¡no hay manera de encontrarlo! Me gustan los bolsos grandes, no lo puedo remediar, y ellos parece que tienen la manía de comerse todo lo que les meto dentro, porque jamás encuentro nada cuando lo busco en ellos.

Desesperada dejé el bolso sobre el mostrador y seguí rebuscando en su interior mientras el móvil pitaba sin parar, a la vez que sujetaba las dos pelis en una mano y el pelo chorreaba agua por todo.

De pronto noté que uno de los chicos se había puesto delante de mí para atenderme y oí una voz totalmente desconocida, grave y algo ronca, que me decía: —creo que necesitas una toalla.


Alcé la vista despistada y me encontré con sus ojos. Unos ojos oscuros y rasgados que me miraban divertidos. No puedo explicar lo que pasó en los siguientes segundos, sólo sé que mi corazón se disparó, un escalofrío recorrió todo mi cuerpo y me quedé como una idiota, con el móvil pitando en una mano, las dos películas en la otra, el bolso abierto sobre el mostrador, el pelo chorreando, mirándole a los ojos.

1 comentario:

  1. También me encanta la comedia romántica y las pelis de acción a veces, aaaaahhhh, me encanta la protagonista, tenemos mucho en común, voy a seguir leyendo

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