jueves, 24 de septiembre de 2009

8- Recuerdos

Cuando volví a abrir los ojos seguía en el suelo. Según me contaron habían pasado unos segundos. Javi me ayudó a incorporarme despacio. La gente me miraba preocupada.

–Estoy bien, es que no he cenado... –no sabía qué decir.

Me puse de pie con cuidado apoyada en él. Al ver que no me estaba muriendo los demás empezaron a dispersarse y volver a sus sitios. A veces he pensado si estaban allí por preocupación o por morbo.

–Vamos, te llevo al hospital –me dijo de pronto –, te has dado un buen golpe en la cabeza, tienen que mirarte.

Me negué en rotundo, no me hacía falta ir al hospital, sólo había sufrido un desmayo por no haber cenado. Javi siguió insistiendo, según su opinión el desmayo tenía su importancia pero el golpe quizá más.

–Tu no has oído como ha retumbado el suelo cuando has caído –me miraba serio–. Si te das un golpe fuerte te tienen que reconocer –. Y sin más empezó a recoger mis cosas.

Estaba tan desorientada y cansada que no tenía ganas ni de discutir. Le dejé que preparara mi mochila, cogiera sus cosas y me sacara de allí. No era momento de hacerme la fuerte y tuve que apoyarme en él mientras andaba, la cabeza me daba vueltas y sentía náuseas.

Mis padres siempre han sido muy precavidos y protectores, así que al fin pude hacer uso del seguro privado que se empeñaban en pagar para mí. En urgencias me atendieron en seguida, pasé a una sala con Javi donde le expliqué a uno de los médicos de guardia lo que recordaba. Mi acompañante completó la historia. Me hicieron un tac para comprobar que todo estaba bien, así como un análisis de sangre. Finalemnte el médico decidió ingresarme pues según los resultados tenía anemia y, tras un golpe fuerte en la cabeza, me querían tener controlada.

–Si quieres habla con tu novio antes de que te subamos a la habitación. Bueno, puede quedarse contigo un rato –, dijo el doctor una vez me informó de que me tocaba dormir allí esa noche."¡¿Mi qué?!"

–No, no, no es mi novio. Es… bueno, da igual… sí, voy a avisarle. Gracias.

Cuando salí Javi descansaba con la cabeza hacia atrás en el sofá. Me acerqué, estaba profundamente dormido. Qué cara de bueno tenía. Mientras andaba hacia él abrió los ojos, como si hubiera notado mi presencia.

Le expliqué todo, sin darle importancia. Le di veinte veces las gracias por su ayuda y me iba a despedir cuando me dijo:

–Dime en qué habitación estás que subo un rato contigo. Por cierto, ¿quieres que llame a tus padres? He estado a punto de hacerlo pero como no sabía si luego me ibas a matar…

–¡Ni se te ocurra! A mis padres les da algo si les cuento esto. Además, es una bobada. No se te ocurra subir, si estoy bien. Vete ya ¡qué son las tres de la mañana!

–Si no te importa ya decido yo… bueno, si no quieres que te acompañe no te voy a obligar. No he llamado a tus padres ni sabrán nada, al menos por mi parte.

Me quedé ahí parada delante de él. Me miraba fijamente, de pronto me ruboricé.

–¿Qué miras?

–Te pones muy guapa cuando te caes –dijo de pronto sonriendo y guiñándome un ojo.

Esta vez noté que las mejillas se me encendían y me quemaban. Siempre igual, mofándose de mí, tenía ganas de matarlo pero, algo había cambiado. Ya no sentía aversión hacia él. Incluso no me contuve y me salió una carcajada.

–Si, es lo que tengo, un estilazo cayendo –los dos estallamos en risas–. Bueno, tengo que entrar, gracias de nuevo, te veré en clase.

Me miró como si fuera a insistir, pero no lo hizo. Me di la vuelta y volví con la enfermera para el ingreso. La habitación estaba bastante bien, además era sólo para mí.

–Tu novio es super majo –me dijo mientras me cogía los datos de nuevo– estaba muy preocupado.

Iba a volver a quejarme de que no era mi novio, pero desistí. No sé por qué pero la idea me hizo gracia. ¿Quizá necesitaba un novio? Menuda tontería.

Ya en la habitación me costó dormirme. Me sentía rara y sola. Por un momento me arrepentí de haberle dicho a Javi que se fuera. Al final conseguí dormirme, debía ser ya muy tarde.

Por la mañana me desperté muy temprano, en los hospitales hacen ruido constantemente. Cuando abrí los ojos me incorporé lentamente. A mi lado, en una butaca, estaba Javi dormido.

(Gracias David por tus consejos médicos y por tus ideas!!)

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