martes, 17 de noviembre de 2009

12- Revelaciones

El sábado lo pasé con Javi. Teníamos que ponernos al día de muchas cosas. Mientras mi ropa se lavaba y luego se secaba en la secadora, mi modelito para andar por su casa consistió en una camiseta talla XL en la que se leía “Sex Instructor. First lesson free”.

En vista del éxito de los capuccinos que había llevado para acabar bañada con ellos, Javi preparó unos latte machiatos con su súper cafetera y nos tiramos en el sofá. Le puse al día de mi “historia” en un momento. No me interrumpió ni una sola vez, me escuchó muy concentrado y, al terminar me miró seriamente

-Creo que tienes un grave problema –me dijo-. Sufres de una fuerte atracción física hacia el tío que te alquila las pelis… Dios mío, ¡es un problemón!

Ya me había imaginado que su respuesta sería de esa índole, era totalmente normal que lo encontrara una chorrada. En el fondo, si me paraba a pensarlo, de pronto a mí tampoco me parecía tan importante. Me sentía atraída por una persona, ¿qué problema suponía eso? Ninguno. ¿Por qué le daba tantas vueltas? Bueno, porque me descolocaba, porque nunca antes me había sentido desarmada por nadie… pero quizá era cierto que le estaba dando demasiada importancia a algo que no la tenía. Estuve a un pelo de empezar a rebatir y pedirle más explicaciones, pero me di cuenta de que no tenía sentido, en el fondo era cierto, tanto esperar a Freud para que con una frase me hiciera ver la realidad más cristalina.

Decidí no insistir en el tema, así que estuvimos hablando de cómo nos había ido durante aquellos meses. Javi me contó lo bien que había salido todo en Singapur. Por lo visto le habían ofrecido volver y quedarse allí durante un par de años dirigiendo el proyecto que le enviaron a poner en marcha. Se lo estaba pensando. Era una buenísima oportunidad y, además, nada le ataba. Cuando pronunció las palabras “no tengo ataduras aquí”, una extraña sensación me invadió. Sabía que no tenía sentido sentirme así. Yo no era “algo” que debiera hacerle plantearse que existía una razón para no irse. Pero pensar en estar sin él, realmente sin él durante años o, quizá, para siempre, me pareció, de pronto, algo insoportable.

Deseché ese pensamiento rápidamente. Éramos amigos, los mejores y debía alegrarme por cualquier cosa positiva que ocurriera en su vida, aunque se tratara de irse prácticamente al otro lado del mundo.

Intenté centrarme en alejar aquella extraña sensación y concentrarme en disfrutar con él del día. Comimos pasta en su casa y por la tarde salimos a dar un paseo y después a picar algo. Mientras íbamos por la calle no pude evitar darme cuenta de cómo le miran las mujeres. Antes no había caído… siempre había sabido que despertaba pasiones a menudo, aparte de ser atractivo, lo de siempre, su labia sin igual. Pero no me había fijado en que eran muchas las que le miran cuando no abre la boca.

Necesitaba unas vacaciones urgentes, o quizá la regla estaba a punto de venirme pues tanta sensiblería no era propia de mí. Volví a esforzarme en la complicada técnica de alejar los pensamientos molestos y me concentré en los pinchitos que estábamos eligiendo para comer. Una noche divertida, como siempre, con mi Freud particular.

4 comentarios:

  1. Por fin lo has creado:D!!!!
    No sabes que carita de boba y de ansiosa se me ha quedado al ver en tu blog que de veras lo habías creado!!!! jeje

    Perfecta entrada, como siempre.
    Intuyo que nuestra querida protagonista se va a debatir entre dos amores...jeje

    Un besazo enorme y enhorabuena por conseguir emocionar a toda persona que lee tus relatos!
    Lorena.

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  2. muy bueno!!estamos esperando otra entrada ya!!jeje. mua!!

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  3. guau! descubrí tu otro blog x casualidad y me he encontrado con este! Me ha enganchado muchísimo la historia,no he podido parar hasta llegar a la última entrada me encanta como cuentas las cosas y la personalidad de la prota... estoy intrigadísima!!!

    Lu

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  4. me encanta y me alegro un monton que hayas creado el blog, la historia se lo merece! Un besazo

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