martes, 15 de junio de 2010

27- Empezando a perderme

Cuando llegamos al restaurante todavía seguía sintiéndome culpable. Intentaba quitarle hierro al asunto e imaginarme que si fuera a la inversa yo no me hubiera enfadado con Javi si se olvidara de mí por ir a la cita más deseada de su vida… Como he dicho “intentaba” imaginármelo pues, desgraciadamente, estaba casi segura de que en ese caso mi cabreo sería tremendo y, probablemente, tendríamos una seria “crisis” de amigos. También debo reconocer que yo soy mucho menos permisiva y más estricta que “Freud”. Afortunadamente para mí él es mucho más pasota.

-¿Dónde estás? –me preguntó “Ojos Rasgados” mientras me abría la puerta del coche.- Hace un buen rato que te has ido.

-No, qué va! Es que me da mucha rabia haberme dejado el móvil. Tenía que hacer una llamada importante… pero no pasa nada –intenté mentir.

-¿Estás segura de que no quieres usar el mío?

-No, gracias. El problema es que no me sé el número de memoria. Un gran fallo… -dije en voz alta.

-Vale, pues entonces vuelve a la Tierra conmigo –me dijo parándose en frente de mí y mirándome fijamente.

De pronto Javi se borró de mi mente. Lucas había conseguido captar mi atención. Supongo que me había dejado mi tiempo en el trayecto en coche, pero ahora no parecía estar dispuesto a que me dispersara.

Para mi sorpresa me cogió de la mano y me condujo a la entrada del restaurante. Como hacía buen tiempo la terraza estaba llena de gente. Nunca había estado allí, era un lugar precioso, lleno de plantas y velas. Las mesas estaban vestidas de blanco y de las hojas de los árboles colgaban luces blancas. Era simplemente perfecto, aunque no tenía ni idea de la clase de comida que servían.

-Bienvenida a “mi guarida” –dijo Lucas con una sonrisa.- A partir de ahora puedes olvidarte del teléfono porque eres totalmente mía.

De pronto ya nada tenía importancia, nada más que él. Le miré con las mejillas ardiendo y casi me desmayo cuando me cogió por la cintura y me empujó ligeramente hacia las mesas.

jueves, 10 de junio de 2010

26- Olvidando que me olvido

El trayecto al restaurante en el coche de Lucas fue tranquilo y distendido. Había temido mucho ese momento, el estar los dos solos por la carretera y no saber de qué hablar, o terminar hablando demasiado por miedo a no dejar de hacerlo. Afortunadamente con él todo era como… muy fácil. “Ojos Rasgados” daba la impresión de ser un hombre muy seguro de sí mismo, activo, emprendedor, competitivo, pero a la vez tranquilo. Incluso era posible darse cuenta de ello en su manera de conducir. Su coche, un 4x4 muy chulo, no tengo ni idea de qué marca ya que que no estoy nada puesta en esas cosas, se deslizaba por el asfalto sosegadamente, sin un acelerón ni un frenazo. Mientras, íbamos hablando sobre distintas cosas, un poco de esto y otro de aquello. Me sentía muy cómoda. Era como cuando estaba con… “¡Oh, no! ¡Javi!”. Se me había olvidado completamente.

-¡Mierda! –exclamé mientras revolvía en el bolso buscando mi móvil como una loca.

-¿Qué ocurre? –me preguntó Lucas algo alarmado-, ¿va todo bien?

-Esto… no, bueno sí… no es nada grave, es que tengo que hacer una llamada, perdona. Si consigo encontrar mi móvil, claro.

-Coge el mío –dijo tendiéndome un iphone.

-No gracias, necesito consultar un número de teléfono de la agenda.

Desesperada me di cuenta de que con tanto preparativo para la cita me había olvidado el móvil en casa. Desde que llegaron a nuestras vidas los teléfonos que llevamos con nosotros cada día con su agendita incorporada no me sé el número de teléfono de nadie, ni siquiera el mío… Así que por mucho que lo intentara no podía llamar a “Freud”.

Empecé a sentir un gran nudo en la boca del estómago. Ya llevábamos un buen rato en el coche. Pedirle a Lucas que diera la vuelta era impensable. Por otro lado me imaginaba a Javi llegando a mi casa con la pizza y las pelis. Le podía ver llamando al interfono sin que nadie contestara. No tenía la menor idea de cuál sería su reacción. Quizá no se enfadara, volviera a casa y cuando le contara la razón se alegrara por mí. Pero también corría el riesgo de que se sintiera dolido y decepcionado. Puede tener sus defectos, pero Javi es un hombre de palabra y, sobre todo, nunca falla.

jueves, 3 de junio de 2010

25- Mira ahora, mira ahora puedes mirar

El interfono sonó a las nueve en punto, ni un minuto más, ni un minuto menos. En un instante bajé de la nube en la que me encontraba para aterrizar en mi habitación, con una especie de ataque repentino:

-¡Es él! ¡Está abajo!

Cris también pegó un respingo y corrió hacia la ventana. Suele mimetizarse con la gente que se encuentra en situaciones de estrés, que era mi caso. Supongo que lo hace por solidarizarse con los demás. Según Alex, “Cris es una histérica parásita de emociones”. Yo no lo diría tan duramente. Simplemente “lo vive”.

-¡Cris!¡aléjate de la ventana que te va a ver! –le grité en susurros horrorizada. Algo complicado lo de gritar en susurros, lo sé, pero en estos casos una lo consigue.

Sólo de pensar que “Ojos Rasgados” pudiera creer que el salir a cenar con él suponía un acontecimiento especial en mi vida me resultaba insoportable. “Sigo siendo la orgullosa de siempre, menos mal”, pensé.

-¡Pero si no me ve! –contestó la aludida desde detrás de las cortinas-. De todos modos no le veo… Ah!¡ahora sí!

-¿Y cómo va vestido? –pregunté “al borde de un ataque de nervios”.

-Muy bien, está muy guapo.

-¡Lo sabía! Se ha arreglado y yo voy desentonando con este look semi hippie que me habéis puesto.

Las tres se habían apiñado tras las cortinas. Victoria, que debía ser la que mejor visión tenía, a la vez de ser la más discreta me tranquilizó:

-Para nada, va en vaqueros con una camisa muy bonita. Guapo, pero informal. ¡Estás perfecta!

Mis miedos se disiparon ligeramente, pero el corazón parecía querer salirse de mi cuerpo por algún lado y no parecía haber decidido por dónde ya que me latía con mucha fuerza.

El interfono volvió a sonar. No sé por qué pero esta vez el pitido pareció más fuerte. Eso no es posible, el interfono suena siempre igual, pero parecía impaciente.

-¡Haz el favor de contestar o te vas a quedar sin cita! –me gritó Alex en susurros. Ella también sabe gritar en susurros... realmente todas sabemos, es algo que una lleva dentro y utiliza con frecuencia cuando se comunica con sus amigas.

Corrí, descolgué y respondí lo más normalmente que pude.

-Hola Paula, soy Lucas, el que te salvó la vida esta tarde, ¡espero que me recuerdes!-. Hasta a través de un aparato era capaz de hacer que me pusiera roja.

-Hola, mmmmm, ah! ¡Sí, te recuerdo! ¿Cómo va la vida?- dije entre risas.

Mis amigas me miraban como si estuviera loca. Lógicamente no podían oír a la otra parte.

-Desde la última vez que nos vimos mi vida ha sido un suplicio. Pero ahora que sé que voy a verte me siento mucho mejor.-Podía imaginarme su sonrisa sólo con oír su voz-. ¿Subo a buscarte o bajas?

-Creo que seré capaz de bajar yo sola. Ya estoy lista, en dos segundos estoy abajo.

-Perfecto, una mujer puntual, vaya, vaya…

Colgué y me apoyé contra la pared. Miré a las chicas que ya se habían puesto en marcha. En un instante me ayudaron a ponerme la chaqueta vaquera estratégicamente elegida para darme un aire chic. Me dieron el bolso que habíamos elegido y preparado meticulosamente con todo lo que pudiera hacerme falta, junto con gran variedad de cosas que no iba a necesitar más que en caso de producirse una catástrofe natural. Cris me colocó en el cuello un pañuelo con pequeños flecos.

Ya habíamos acordado que esperarían diez minutos en mi casa antes de irse para evitar un encuentro de todos abajo.

-Chicas… ¡sois las mejores! –les dije emocionada.

-Venga tonta, ¡baja ya y pásalo muy bien! –me dijo Cris empujándome hacia la puerta.

-Y no te pongas nerviosa, ¡se tu misma! –añadió Victoria.

-Y ¡no se te ocurra llamarme mañana si no pegas un buen polvo después! –remató Alex.

Me metí en el ascensor y tras presionar el botón para bajar cerré los ojos e intenté concentrarme en mi respiración. Jamás en toda mi vida me había puesto tan nerviosa ante una cita para salir con alguien. Lo cierto era que jamás me había puesto nerviosa salir con nadie.

“Espero no matarme con estas botas”, pensé. El tacón no es que fuera excesivo, pero ante mi falta de práctica y mi nula concentración cuando me encontraba bajo el influjo energético de Lucas ya no me fiaba.

Al abrirse las puertas salí decidida. A medida que me iba acercando a la puerta de la calle empecé a adivinar su figura tras el cristal. En el momento en que agarré el picaporte para abrir, nuestros ojos ya se habían encontrado y se me había vuelto a olvidar respirar.

Con gran satisfacción me di cuenta de su desconcierto inicial al verme. Por un instante temí que quizá se hubiera llevado una decepción, sin embargo, en décimas de segundo el extraño brillo de siempre se intensificó en su mirada. Incluso me atrevería a decir que se tornó más oscura y profunda. Entonces volví a sentir “el poder” de unos minutos antes.

La química funciona sin que podamos controlarla, ya lo he dicho en otra ocasión, pero “siempre se le puede dar un empujoncito con algo de color y trozos de tela”, como dice Cris, mi Carrie particular.

miércoles, 26 de mayo de 2010

24- Un espejo de cristal y mírate y mírate

Cuando acabaron conmigo me sentía como un cuadro recién terminado. Mis creadoras me miraban muy serias. Cris, con los ojos medio entornados y la mano sujetándose la barbilla. Alex se pasaba el dedo por la nariz de arriba a abajo, un gesto que siempre hace cuando se concentra en algo. Victoria erguida con los brazos cruzados haciendo ligeros gestos afirmativos con la cabeza.

-Bueno, ¿me puedo mirar ya en el espejo?, porque todavía no sé el aspecto que tengo y me preocupa -dije, rompiendo su ensimismamiento.

-¡Un momento! –gritaron las tres a la vez.

Cris dio una vuelta a mi alrededor, como si estuviera estudiando las proporciones de un caballo que pensara comprarse.

-Chicas –empezó a decir-, creo que está… ¡fantástica!

-Perfecta –Victoria seguía asintiendo.

-Totalmente de acuerdo. Creo que ya te puedes mirar Paula –continuó Alex, con una sonrisa pícara.

Un profundo suspiro escapó de mi interior. Estaba nerviosa, ¡me habían contagiado! Di media vuelta lentamente y fui acercándome poco a poco a la habitación para mirarme en el espejo de cuerpo entero que tengo detrás de la puerta. Cuando estuve cerca cerré los ojos y tras posicionarme frente a él los abrí.

Se había hecho un silencio total. Una chica me miraba desde el otro lado del espejo. Me sonaba bastante, tenía muchos rasgos que me eran familiares… era alta y delgada, con el pelo largo y ondulado como las que había visto en las revistas de moda de mis amigas. Enfundada en un vestido corto, estampado en colores cálidos y con algo de vuelo, calzaba unas botas color camel, de caña media, arrugadas y con un buen tacón. Sus largas piernas llamaban bastante la atención. Sus ojos resaltaban bastante, en parte gracias a un juego de sombras de colores tierra y gris. Sus mejillas rosadas le daban un aire juvenil y sus labios brillaban gracias a un gloss transparente. Llevaba varias pulseras y anillos que junto al resto del conjunto le daban un aire bohemio, “hippie boho” como se dice hoy.

Esa chica tenía mis facciones y me miraba confusa, sorprendida y descolocada. Mi femineidad me dio un sopapo en plena cara. “Si viera entrar a esa chica en algún sitio, la miraría” pensé.

Mis amigas me observaban impacientes e intrigadas.

-Bueno… ¡¿Qué?! Di algo, por favor. ¡Parece que te hubieras quedado muda! –exclamó Cris a punto de estallar de curiosidad.

-No le gusta… -dijo Victoria seria-. Es normal que te veas rara Paula, no estás acostumbrada a maquillarte. Si no te sientes cómoda te desmaquillamos y te pones unos vaqueros…

-¡Ni hablar! –Cris estaba indignada-. Está preciosa y no se va a tocar nada. Ya va siendo hora de que se comporte como una mujer y no como una extraterrestre.

-Chicas, ¡basta! –dije girándome hacia ellas-. Estoy… simplemente… ¡perfecta! Sólo espero reconocerme si me veo en un escaparate.

-Mi niña, ¡pero si eres tú con una pequeña mano de chapa y pintura! –Cris me abrazó con fuerza-. Estás tan guapa que no se puede aguantar.

De pronto estábamos las cuatro abrazadas como idiotas en medio de la habitación, como si en lugar de a una cena me estuviera preparando para ir a la guerra.

Al fin habían logrado lo que intentaban desde hacía años: despertar a la fémina que hay en mí. No sabía si aquella sensación duraría sólo unos instantes, pero me sentía “poderosa”, aunque de una forma extraña que nunca había experimentado. No era una sensación de poder como la que en ocasiones sentía cuando cerraba un buen trato o realizaba negociaciones importantes en el trabajo. En lugar de asaltarme de nuevo las dudas me llené de una extraña energía. “Dure lo que dure esto, ahora mismo podría lograr lo que me propusiera”, pensé. Ahora entendía lo que significa eso de “Armas de Mujer”.

martes, 11 de mayo de 2010

23- Sombra aquí y sombra allá, maquíllate

Realmente no sé cómo llegué a casa. Las chicas me sacaron volando del “Tierra de Nadie”. Pero cuando digo volando me refiero a VOLANDO, es decir, sin pisar el suelo.

De pronto, aparecí en mi habitación y, en cuestión de minutos la escena era algo surrealista.

Mis amigas vaciaron la mitad de mi armario sobre mi cama en menos de lo que tardas en aspirar y expirar y, sin hacerme el menor caso, procedieron a elegir las prendas que “debía” ponerme esa noche para estar “super-chic-y-divina”.

-Este vestido es “el vestido”, sin duda –dijo Cris de pronto, sosteniendo en alto un trozo de tela floreada que no recordaba haber visto en mi vida.

-Me parece que es excesivamente corto… -intenté dar mi opinión sin éxito.

-Es perfecto –contestó Alex, como si no hubiera oído nada-. Se llevan mucho los mini vestidos con botas esta temporada. ¡Necesitamos unas botas cañeras!

-Le regalamos una muy chulas el año pasado –dijo Victoria de pronto, con el dedo índice en alto y el rostro iluminado.

-¡Tienes razón! Las botas de caña arrugada! Búscalas por ahí Victoria –ordenó la sargento Cristina-. ¡Tenemos que darnos prisa!

Esto empezaba a ser demasiado. Allí estaba yo, sentada a un lado de la cama, mirando la escena sin habla y, en lugar de preguntarme a mí dónde estaban mis botas ¡se ponían a buscarlas!.

-Victoria, las botas… -comencé a decir.

-No te preocupes, ¡las encuentro seguro!

-Pero Victoria… Cris, en ese cajón no hay nada… ¿¡¡me quiere escuchar alguien!!? –un grito que hasta a mí me sorprendió escapó de mis pulmones. Estaba totalmente indignada. –Estoy aquí, ¡delante de vosotras!

Las tres se pararon en seco. Cris tenía en la mano algo negro de encaje que había sacado de mi cajón. Victoria, a cuatro patas, había sacado la mitad de mis zapatos del armario. Y Alex estaba en el baño metiendo mano a mi escaso maquillaje, supongo.

-Sé que no soy la más puesta en moda y todo eso, pero sé arreglarme para una cita. Y no es que no agradezca vuestra ayuda, pero ¿dónde se ha visto que se pretenda echar un cable a alguien sin dejarle opinar ni abrir la boca?

-Mi niña, tú no te preocupes de nada. Sabemos que sabes, no es que no sepas… simplemente no es tu fuerte… -cuando Cristina intenta ser diplomática, normalmente, acaba fastidiándola-. ¿Por qué no haces un crucigrama? O ¿quizá prefieres una de tus revistas de economía por si ha pasado algo en la bolsa?

-Tiene razón, Cris –dijo Alex de pronto con una mueca en la cara-. Ella es la que va a la cita…

-Menos mal que alguien me entiende… es que de verdad, no entiendo a qué viene tanto revuelo! –exclamé indignada.

Las tres se miraron y me miraron. Ya sabía lo que significaba esa mirada. Las devoradoras de "Vogue" no iban a permitir que una devoradora de "The Economist" se arriesgara a no salir victoriosa. Ellas eran las que sabían lo que se traían entre manos, lo vi claramente en sus ojos brillantes, estaban disfrutando como enanas y yo les pretendía privar de semejante diversión.

-Cariño –Cris no puede dejar a nadie con la última palabra-, no sé si eres consciente del “elemento” que te ha invitado a cenar esta noche, pero más te vale estar espectacular para que tu Lucas no pueda resistirse, ¡hazme caso!

Era una batalla perdida, no había nada que yo pudiera hacer o decir. Las chicas del Club siempre estamos ahí para el resto, pase lo que pase. En este caso se habían marcado una clara meta, que yo estuviera irresistible para “Ojos Rasgados” y ni yo, ni el ejército de caballería, seríamos capaces de detenerlas.

Cada una siguió a lo suyo, buscando y revolviendo todas mis cosas mientras yo seguía mirándolas, pero esta vez con cariño. De una cosa estaba segura, esa noche iba a triunfar, no me cabía la menor duda.

martes, 20 de abril de 2010

22- Armas de mujer

En cuanto llegué a la mesa y me senté todas me miraban fijamente. Últimamente lo de soportar pupilas clavadas en mí empezaba a ser rutina en mi vida.

-Es “él”, ¿verdad? –Cris no pudo contenerse ni diez segundos.

-¿A quién te refieres? –pregunté haciéndome la tonta. No sé por qué me apetecía fastidiar un poco. Era evidente a qué se refería, al igual que lo era la respuesta.


-A que ese chico “moreno, alto, con ojos penetrantes” es tu Lucas, ¡a eso me refiero! -. Por lo visto hoy no era buen día para bromas.

-Sí, era Lucas, ¡menuda coincidencia! Con lo de que es hermano de Marina me he quedado de piedra. Nunca me lo hubiera imaginado, sobre todo porque no se parecen en nada.

-Es cierto que no se parecen en nada –comentó Alex-, sin embargo eso pasa a menudo. Desde luego que ha sido una pasada que justamente, de toda la gente que hay, casi te lo cargues precisamente a él. –Alex nunca dejaría de sorprenderme por su ironía, aunque no le faltara razón. Estas son esas cosas “del destino” que a todos nos ocurren a veces y no entendemos. Lo importante era que le había vuelto a ver y, sobre todo, ¡que teníamos una cita!

-Ya sabes que yo tengo una gran puntería –contesté en broma-. Jamás hubiera esperado encontrármelo aquí, eso te lo aseguro. Y, desde luego, nada más lejos de mi intención que atropellarle…

-Bueno, ¿¿y?? –me interrumpió Cris nerviosa.

-¿Y qué? –no podía evitarlo, viendo su cara hambrienta de información me encantaba hacer que sufriera un poco.

-Venga, no me torees, que te has quedado hablando con él a solas un buen rato. ¿Qué ha pasado? Qué crueldad tenernos en ascuas así.

-Eso dilo por ti –saltó Alex-. Que no has parado de hacer cábalas desde que nos hemos sentado. Espero que haya salido algo bueno de vuestra conversación Paula, porque aquí “Radio Macuto” nos ha dejado sin oreja con sus elucubraciones.

No pude evitar soltar una carcajada. Alex era la antítesis de Cris, es decir, de cotilla tenía bien poco. En cambio, mi querida “Carrie” no paraba nunca de preguntar. En el fondo siempre he pensado que tiene razón en eso de que posee alma de reportera. De hecho, sería la más indicada para entrevistar a alguien complicado de entrevistar pues le sacaría toda la información habida y por haber.

-Valeeee –dije al fin. Ya me había hecho bastante la loca-. De mi atropello creo que ha salido algo bueno… tengo una cita con Lucas.

-¿¿Cómo?? –exclamaron las tres a la vez.

-Vamos a ver –mi querida “Charlotte” al fin abría la boca-, nos has dicho que le has visto dos veces y que trabaja en el video club. De pronto te recoge del suelo ¿y ya está? ¿Ya vas a salir con él? –sonreía de oreja a oreja.

-Pues me temo que sí –respondí devolviéndole la sonrisa-. No tengo vergüenza, ¡tienes razón!

-Vergüenza no sé si tienes, pero suerte tienes un rato –dijo Alex uniéndose a la broma.

-¿Cuándo es la cita? ¿Para qué habéis quedado? –Cristina seguía con el interrogatorio.

-Pues esta misma noche. Me recoge a las nueve para “invitarme” a cenar… ¡Ay, me va a pegar algo! –no pude contener los nervios más.

-¿Hoy? ¿Tan pronto? No nos da mucho tiempo de reacción, ¡te tenemos que acicalar entera! ¿Qué hora es? Al menos nos tiene que dar tiempo de peinarte, vestirte y maquillarte como es debido –“Carrie” no me iba a dejar ir a una cita con Lucas siendo “yo”, eso era de esperar.

Ya me lo veía venir, todas me miraban con ojos brillantes y hambrientos. Eran las cinco y media pasadas, tenían tiempo de poner en marcha toda esa cantidad de conocimientos adquiridos en el Elle y el Vogue que, si bien no utilizaban la mayoría de las veces para ellas, siempre está bien saber para poder ayudar a una amiga “desastre-que-no-tiene-ni-idea” como yo. A veces no soy consciente de la suerte que tengo de poder contar con las chicas, no sé qué sería de mí sin ellas en estos momentos de crisis.

-Vamos a sacar todo ese potencial que tienes ahí, oh si… -Cris daba miedo y todo-. Esa mujer que hay ahí dentro va a brillar esta noche.

Me esperaba una cita con la ducha, las cremas, el maquillaje, lápiz de ojos, sombras y demás. ¡Ah! Y mi “odiado-amigo-el-secador”, con el que estoy en guerra desde los catorce años, cuando empecé a intentar dominar las ondas que se me hacen a los lados de la cara. Menos mal que para todo eso tenía a la cuadrilla del “Club de la Mujeres que comen sin problemas”, el mejor club del que una chica puede formar parte.

martes, 13 de abril de 2010

21- Cómo interesarse, sin parecer interesada

No podía articular palabra. Mi cerebro había oído pero no era capaz de procesar la información. “Ojos Rasgados” frente a mí me miraba esperando una respuesta y, precisamente esa mirada, no me permitía poder pensar. Era domingo, yo los domingos nunca hago nada por las noches pues el lunes suele ser un día duro en el trabajo. Me gusta tomármelo con calma, ver una peli o leer antes de irme a la cama. Pero en este caso, claro, se podía hacer una excepción… una cena tempranera, algo ligero…

-Pero, ¿por qué me quieres invitar a cenar? Quiero decir…

-Paula, me apetece cenar contigo. Si te parece bien, me gustaría invitarte, eso es todo. ¿Siempre le das tantas vueltas a todo? ¡La vida sólo se vive una vez! –seguía perdida en la profundidad de sus ojos que ahora sonreían.

Eso es cierto, pensé, un día es un día. Y, además, yo nunca he sido de las que se comen la cabeza en exceso. Generalmente soy todo lo contrario.

-Pues no. Quiero decir que no le suelo dar demasiadas vueltas a nada –dije enseguida.- Lo que ocurre es que no me esperaba una invitación a cenar después de atropellar a alguien, entiéndeme.

Intenté poner una cara simpática y sonreír para quitarle hierro al asunto. Lo último que me apetecía era que pensara que soy la típica plasta que se pasa el día dudando de todo. ¡Si yo soy la persona más segura que conozco! O, al menos, eso creía. Me temo que en mi vida laboral soy, podría decirse, otra persona.

-¿Eso es un sí? –preguntó mientras seguía clavándome la mirada.

-Por supuesto –contesté en el acto-. Nunca le hago ascos a una cena.

-Me alegra oír eso. ¿Te parece bien que te sorprenda con el sitio o prefieres elegir a dónde vamos?

Otra encrucijada. ¿Por qué tiene que ser tan complicado lo de actuar ante alguien que te atrae? ¿Por qué no puedo mostrarme tal cual soy y decir lo que pienso como hago, por ejemplo, con Javi? ¡Oh, Javi! Me había olvidado de que iba a venir a casa con un DVD para pasar una noche tranquila de domingo conmigo antes de un lunes estresante. Bueno, esto era un caso excepcional, él una vez anuló una de nuestras noches de DVD porque le llamaron para ir a jugar un partido de no sé qué… seguro que no le importaría, incluso se alegraría por mí. Así podría probar si su teoría es cierta.

-Paula –dijo de pronto Lucas- Si no te apetece no tienes más que decirlo, no me voy a ofender.

-No, para nada, ¡claro que me apetece! –me entró pánico de que se echara para atrás. Pero tampoco quería que supiera que iba a faltar a una cita para cenar con él. No sé por qué pero no me apetecía que se sintiera tan importante.

-Entonces ¿qué decides, eliges o elijo? –preguntó de nuevo.

-Sorpréndeme –salió de mis labios casi sin querer. Ni ensayando me podría haber quedado mejor.

-Perfecto –contestó satisfecho-. Si me dices dónde vives te paso a recoger… sobre las nueve ¿te va bien? Haré la reserva para las nueve y media.

¿Debía hacerme la mujer independiente y pedirle la dirección del restaurante para ir con mi coche? Ojalá hubiera podido acercarme a la mesa de las chicas y plantearles la situación.

-No hace falta que me recojas, no quiero molestarte.

-No es molestia sino un placer –respondió mirándome de nuevo serio. Iba a derretirme de un momento a otro, podía sentir mi corazón latiendo con fuerza medio desbocado. Me moría de ganas de cenar con él y de pasarme el resto del día allí plantada simplemente mirándole. Ya no iba a plantearme más qué me estaba pasando pues no había duda. Estaba perdidamente loca por él. No sabía cómo era posible sentir algo tan fuerte sin conocerle, pero ya no podía negarlo.

-En ese caso me parece bien –logré articular con normalidad, y le di mi dirección.

-Pues te recojo a las nueve entonces –dijo.

-¿Tengo que arreglarme especialmente? Quiero decir… no sé a qué tipo de restaurante vamos –pregunté.

-Vamos a un sitio al cual puedes ir como quieras. Como vas siempre, preciosa.

“Respira Paula, ¡qué te vas a ahogar!” Tuve que concentrarme para no tambalearme. Una especie de corriente atravesó mi espina dorsal. Intenté que no se notara el impacto de sus palabras. Vamos, como si me lo dijeran cada día unas cuantas veces.

-De acuerdo, pues eso haré –dije sonriendo, como si tal cosa.

-Hasta luego pues –me taladró de nuevo con sus ojos.

-Hasta luego –repetí mientras me giraba con la intención de volver a la mesa en busca de salvación con mis amigas. No sabía si él también se había ido o si me miraba, “¿y si me giro para comprobarlo? Seguro que se ha marchado”. Sabía que no debía hacerlo pero giré la cabeza y miré. “Ojos Rasgados” seguía de pie y me miraba fijamente. Menos mal que me volví a tiempo para no comerme una mesa y repetir la lamentable escena de nuevo, pero esta vez sin salvador. Seguí caminando lo más normalmente que pude mientras sentía su mirada, abrasándome por dentro.

jueves, 8 de abril de 2010

20- Cuando menos te lo esperas

Lucas sonrió de nuevo:

–No te preocupes Marina, Paula y yo ya nos conocemos –. Todas nos miraron intrigadas.

–Es socia del videoclub –dijo.

A mis amigas se les abrieron los ojos como platos –quizá como platos es algo exagerado, pero yo noté enseguida el cambio en su expresión. Les había hablado de “Lucas” pero, lógicamente, no lo habían relacionado con "este" Lucas hasta que salió el video club a colación.

–¡Qué casualidad! –exclamó Marina encantada.– ¡Así queda todo en familia! Paula es una de mis clientas preferidas, a parte de ser una de las más asiduas.

“¿En familia?”, ¿qué quería decir eso exactamente? De pronto sentí un ligero vértigo. Marina y Lucas eran pareja, ahora lo veía claro. Debía ser algo reciente pues a él era la primera vez que le veía en el bar y, ciertamente, que yo no vea a alguien que acude a menudo es bastante raro.

Como si hubiera leído mis pensamientos Marina continuó:

–Chicas, os presento a Lucas, mi hermano pequeño. Ha llegado hace poco del extranjero.

Creo que abrí la boca y todo. Bueno, estoy segura de ello pues Victoria me dijo por lo bajo que la cerrara. Podría haber imaginado cualquier cosa menos eso. Marina era totalmente opuesta físicamente a su hermano. De estatura media, tirando a baja, complexión muy delgada, pelo ondulado y castaño, y ojos azules. Lucas alto, tan moreno, de complexión fuerte y con aquellos ojos oscuros, tan oscuros.

–¿Del extranjero? –Cristina nunca puede reprimir a la periodista cotilla que hay en ella.– ¿Y dónde estabas?

No puede evitar pegarle un codazo disimuladamente a mi amiga la bocazas. Me sentía como si nos estuviéramos metiendo en algo que no era en absoluto asunto nuestro.

–Cris –dije suavemente con mirada de asesina– no vamos a someter al pobre Lucas al tercer grado ahora.

–No hay problema –contestó “Ojos Rasgados” clavándome la mirada.– Lo cierto es que he estado en varios sitios en los últimos años, pero concretamente antes de venir estaba en la India.

–¿De verdad? –en cuanto se trata de países asiáticos Alex es la que salta. Dejando a un lado su definido perfil de urbanita, mi querida amiga tiene también un recóndito espíritu aventurero que la ha llevado a visitar numerosos lugares en calidad de mochilera, en grupo e incluso sola en un par de ocasiones. -¿En qué parte de la India has estado? A mí me fascinó ese país.

Mi cara “de ajo” no parecía intimidar lo más mínimo a las chicas que empezaban a sufrir, por lo visto, el “efecto Ojos Rasgados”.

–Pues me moví bastante, pero principalmente en Nueva Delhi.

–¿Y qué hacías allí? –Esta vez le di bien a Cris en las costillas. La oí aspirar con fuerza para no soltar un grito.

–Tenía negocios allí –contestó él.

–Bueno, –interrumpió Marina- perdonad pero ¡debo volver al trabajo! Que soy la dueña y encargada del local.

–Sí, claro –dijo Cris, que me consta que tuvo que morderse la lengua para no seguir preguntando-. Nosotras también nos vamos a ir a la mesa ya que Paula está sana y salva.

De pronto me encontré de pie frente a Lucas que me miraba fijamente. No sabía si unirme a mis amigas y alejarme con un “bueno, gracias por todo, ya nos veremos”, pero me había quedado pegada al suelo sin posibilidad de moverme y olvidándome de respirar, para variar.

–Al fin solos –dijo con un brillo especial en las pupilas.

–De verdad quiero disculparme y darte las gracias… –empecé a decir.

–Creo que si me acompañas a cenar esta noche me consideraré recompensado –me soltó de sopetón.

–¿Perdona? –logré articular– ¿quieres que te invite a cenar?

–No –me dijo serio–. Quiero invitarte a cenar yo a ti, si te parece bien.

El corazón empezó a latirme con muchísima fuerza, esta vez mi respiración funcionaba, pero de forma acelerada. “Ojos Rasgados” me miraba esperando una respuesta.

jueves, 1 de abril de 2010

19- El poder de la gravedad

Lucas me sujetaba fuertemente. Para contrarrestar mi peso había caído con una rodilla al suelo, uno de sus brazos me rodeaba la cintura y el otro pasaba por detrás de mi espalda mientras su mano descansaba sobre mi pecho… Bueno, decir descansaba es decirlo de forma suave pues, supongo que debido a los nervios de la situación, los dedos de “Ojos Rasgados” estrujaban mi delantera ligeramente… Sus ojos pasaron de la preocupación al reconocimiento para, finalmente, adoptar esa expresión pícara que ya empezaba a ser familiar, como si sus pupilar sonrieran.

Deduzco que entre la pose, las manchas de latte y el susto, yo debía estar todo menos sexy y atrayente.

Mantuvimos nuestras miradas unos segundos que me parecieron horas. Tuve que recordarme de nuevo que debía respirar, esa extraña manía de dejar de inspirar cuando él estaba cerca iba a terminar causándome un problem.

De pronto me di cuenta de que en el bar se había hecho el silencio y todo el mundo nos miraba. Acto seguido desviamos ambos la mirada hacia mi “delantera estrujada” que él soltó rápidamente. Yo no se lo tuve en cuenta, después de salvarme del ridículo, y de una buena caída, entiendo que el poder de la gravedad que tira para abajo puede ocasionar este tipo de incidentes, ¿no?

Las chicas se habían levantado de golpe y Cris apareció a nuestro lado para ayudarme a volver a posición vertical. Afortunadamente el murmullo del bar comenzó a oírse de nuevo, la gente había vuelto a sus conversaciones tras comprobar que no había ni sangre ni muertos.

Marina salió de detrás de la barra como una exhalación y con cara de gran preocupación empezó a tocarme como buscando algún hueso roto o algo así.

-¿Estás bien? –dijeron todas al unísono.

-¿Qué ha pasado? –preguntó Marina preocupada con los ojos muy abiertos.

-Sí, sí, estoy bien… no os preocupéis, yo… -logré balbucear.

-Ha sido culpa mía –aquella voz era como una inyección de anestesia paralizante-. Iba sin mirar.

-No, no, yo… me he levantado y he tropezado con algo…

-Con mi pie –dijo él con una sonrisa burlona, mostrando un zapato marcado claramente con una pisada. Creo que me puse roja al instante pues la cara empezó a quemarme.

-Te has puesto perdida. Y creo que tú, Lucas, un poco también –dijo Marina, mientras le pasaba la mano por la camisa en la que se podía ver una mancha marrón.

-No pasa nada, me tengo que cambiar igualmente –contestó él.

-Por favor –dije sin pensar- dámela y te la llevo al tinte. Acto seguido me di cuenta de la imposibilidad de que me la diera en ese momento y de que yo me fuera con la camisa en la mano y él a pecho descubierto.

-No digas tonterías, lo importante es que estés bien y que no te hayas hecho daño –ahora me miraba serio.

-Estoy perfectamente. Gracias, has evitado que acabara en el suelo.

De pronto esa sonrisa que ya conocía, esa que me desarmaba, le iluminó el rostro de nuevo.

-Hubiera sido interesante ver si te defiendes bien en este tipo de situaciones incómodas como caerse en medio de un bar –me miraba desafiante.

-Buff, me defiendo de cine, para empezar porque tengo un estilazo cayéndome –respondí con mi sonrisa más irónica.

-Buena respuesta –dijo asintiendo-. La próxima vez tendré que dejarte caer para comprobarlo.

-Lucas, deja a Paula en paz que después del susto lo que menos necesita es de tu sarcasmo –exclamó Marina mirándole seriamente.

De pronto una extraña sensación se apoderó de la boca de mi estómago. ¿Qué me estaba perdiendo? Para empezar, ¿de qué conocía Marina a Lucas? Desde luego le conocía bien, no cabía duda. La sensación no se me iba, era algo desagradable, de pronto me di cuenta, estaba realmente celosa.

miércoles, 24 de marzo de 2010

18- Hormonas enloquecidas

Después de soltarles de un tirón toda mi historia de los últimos días, dejando a un lado mi conversación con Javi por si acaso, me sentí de nuevo liberada. Tras un breve silencio vi que los rostros de todas se iluminaban y una pícara sonrisa se dibujaba en sus labios.

-¡Mi niña está enamorada! –exclamó Cris de sopetón.

-A ver, a ver, no empecemos a precipitarnos… os acabo de contar que siento una extraña atracción por un prácticamente… no, completamente, desconocido. Pero de ahí a sentir amor, ¡hay mucha diferencia! –exclamé indignada.

-Ha sido un flechazo, ¿es qué no lo ves? –Cris nunca se rinde, es una de sus cualidades o defectos, según se mire.

-Puede ser, no tengo ni idea, pero insisto en que un flechazo, que además ha sido algo… digamos… físico, no significa que sienta amor por una persona -.

Me lo temía, en el fondo estaba segura de que alguien, probablemente Cristina, iba a hablar de amor y todas esas cosas. Lo que me pareció extraño era que por su expresión parecían estar todas de acuerdo, ¡incluso Alex!

-A ver Alex –dije buscando ayuda- tu no piensas eso, ¿verdad?

Alex se quedó pensativa, cosa que me pareció mala señal pues yo esperaba un rotundo “claro que no, es simple atracción física”.

-No creo ser la persona más adecuada para opinar, la verdad, -dijo con semblante serio- pero a mí nunca me ha pasado nada parecido. Sí he sentido atracción por tíos, claro, pero de ahí a no poder reaccionar, quedarme sin palabras… no sé…

-Cariño –Cris no iba a rendirse tan fácilmente- ¿Se te dispara el corazón al verle o saber que puede que le veas? ¿Te vibra todo si te roza, aunque sea con un codo? ¿Te quedas atontada mirándole? ¿Si está contigo sientes que no hay nadie más alrededor? ¿Te quedas sin respiración si sonríe y te cuesta hablar?

-Bueno, no sé, creo que exageras un poco, algo así, supongo –tuve que reconocer-. Pero eso no significa…

-Si no estás ya enamorada, estás en pleno proceso –me interrumpió- ¡eres una bomba de hormonas enamoradas andante! –exclamó triunfal.

-Lo que me faltaba, ¿bomba de hormonas enamoradas andante? ¿De dónde has sacado eso, del Elle de este mes?

Me resistía a darle la razón. A parte, yo nunca he creído en el amor a primera vista, es algo totalmente irracional. A una persona no puedes quererla si no la conoces, si no la ves reaccionar ante las circunstancias. Acostumbrada como estoy a racionalizarlo todo, la teoría de Cris es totalmente absurda. Como mi mente funciona de forma empírica, es decir, basada en pruebas y experiencias, esa iba a ser la única forma de aclararme. La próxima vez que viera a Lucas tendría todos los sentidos bien alerta.

-¿Y él qué? –preguntó Victoria de pronto.

-¿Cómo que él qué? –repetí como una grabadora.

-Pues eso, ¿está por ti? –dijo con una sonrisa picarona.

-¿Y yo qué sé? ¿Cómo quieres que lo sepa? Si te parece cuando vuelva a verle se lo pregunto directamente –estaban empezando a ponerme nerviosa de verdad.

-Paula, cielo, nosotras sabemos siempre si un tío está por nosotras –Alex, como no.

-Bueno, tampoco siempre, siempre –dijo Victoria.- Cuando conocí a Nico no le podía soportar y él a mí tampoco parecía que tampoco, aunque resulta que luego me confesó que yo le gustaba mucho pero le daba corte que se le notara. Y ya ves… una noche loca, un par de copas, acabas en su casa y de pronto se convierte en tu marido, hasta que se tira a la que cuida de tu hija. Hombres…

Para no seguir oyendo más opiniones decidí darme un paseo hasta la barra y pedirle a Marina un trozo de tarta de chocolate con extra de nata y, de paso, otro latte pues el que me había traído al llegar ya se había enfriado. Como en el “Tierra de Nadie” vamos como por casa, cogí mi vaso para evitarle a Marina trabajo más tarde.

-Chicas, necesito una buena dosis de azúcar en vena. Voy a la barra a hablar con Marina, ¿alguien quiere algo?

Nadie quería nada, así que me levanté vaso en mano y, nada más girarme, tropecé con algo y di un traspié hacia delante. Choqué con alguien, me tiré todo el latte encima mientras perdía el equilibrio y daba un giro de 180º. Antes de aterrizar en el suelo, algo que parecía inevitable, unos fuertes brazos, o eso me pareció a mí, me salvaron del desastre.

En posición casi horizontal, a medio metro del suelo, con el vaso vacío aún sujeto, lo que demuestra que aún en situaciones límite no pierdo los reflejos, y bañada en café por segunda vez en 24 horas, conseguí enfocar la vista hacia arriba para encontrarme, para mi sorpresa, con unos ojos conocidos, rasgados, profundos, paralizantes… que me miraban preocupados. El corazón pareció parárseme de golpe y me volví a olvidar de respirar.

sábado, 20 de marzo de 2010

17- Reunión

Hola a tod@s! Antes de nada quiero dar las gracias a Claudia (http://claudiaalbons.com/) por hablar de mi blog en el suyo. Soy una seguidora incondicional suya y si alguien no la conoce (cosa que dudo mucho) no os podéis perder su blog, uno de los más visitados de nuestro país, en el que nos pone al día principalmente sobre moda, aunque también nos recomienda o comenta alguna que otra cosa que puede ser muy interesante. Aparte de saber muchísimo sobre todo lo "must" y tener un gusto increíble, Claudia es una mujer preciosa que con sus fotos nos inspira para que podamos hacernos una idea de cómo nos podemos vestir o sacar mejor partido de lo que tenemos.

Veo que ha aparecido bastante gente nueva por aquí y me siento muy halagada, ¡sobre todo por los comentarios! Este blog es muy importante para mí y lo he tenido algo abandonado, pero al ver que os gusta me he propuesto firmemente que podáis contar con más de una entrada a la semana. Quizá de vez en cuando alguna entrada no sea excesivamente larga, pero habrá más! Y como lo prometido es deuda, aquí seguimos... Una pista, Ojos Rasgados y Javi apareceran muyyyyy pronto ;-)

Gracias por estar ahí!

Van

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Cuando llegué al “Tierra de Nadie” las chicas ya estaban allí. Nuestras reuniones suelen ser, como mínimo, una vez a la semana, y normalmente el domingo. Todas andamos muy liadas y, salvo casos excepcionales, lo normal es vernos así.

Sin embargo, si alguna tiene un problema y necesita consejo, apoyo o lo que sea, nuestro código consiste en enviar un sms a las demás con el texto “Reunión”. Si vemos este mensaje, automáticamente nos ponemos en marcha hacia nuestro bar predilecto. Como es de suponer, no siempre se puede ir una pitando. En ocasiones te pilla en pleno  trabajo, muy lejos, acompañada… así que la que no puede acudir responde “Imposible”. Si recibes un “Imposible” de todas no te queda otra que fastidiarte o volverlo a intentar más tarde. De todos modos, ese caso, de momento, no se ha dado nunca.

Cuando me acerqué, las chicas hablaban sobre la crisis y el problema que está suponiendo, es decir, el tema de moda actualmente. Alex comentaba que se estaba notando mucho en su sector y que Félix, su socio, empezaba a preocuparse. Ella es muy fría en el trabajo y rara vez pierde los nervios. Él es también muy serio en lo suyo pero bastante ansioso. Más de una vez he sido testigo de alguna conversación telefónica entre ellos. Debo reconocer que normalmente son muy divertidas pues Alex acaba poniéndose a gritar a Félix intentando calmarle cuando lo que hace, sin querer, es ponerle más nervioso.

–¡Ya estamos todas! –exclamó Cris al verme. Su sonrisa de oreja a oreja es contagiosa.

Me senté rápidamente. Ya a la entrada le había pedido a Marina un latte macchiato, mi bebida preferida. Mientras me quitaba el abrigo Alex seguía contando que Félix estaba muy nervioso porque, además, lo acaba de dejar con Julio, su novio, y eso lo tenía, lógicamente, muy alterado.

Alex es bastante cerebral y práctica en todo, incluyendo en lo que a su vida sentimental se refiere. Félix, en cambio, parece adorar que le hagan sufrir y tiene un extraño imán para acabar siempre con hombres conflictivos que le hacen daño. Muchas de las discusiones que tienen entre ambos socios son, precisamente, por esta razón. Alex no consiente que la vida personal se mezcle con la sentimental y el pobre Félix no puede evitar que, en su caso, ambas vidas vayan de la mano, hasta el punto de que si una se tambalea, automáticamente la otra se ve afectada.

–En fin, –dijo para terminar– no sé qué hacer con él. ¡Hoy se ha encerrado en el baño a llorar para esconderse de mí! Como si yo fuera un ogro o algo parecido.

Todas nos callamos. Un ogro es quizá mucho decir… pero Alex cabreada puede dar miedo. No me extraña que Félix se esconda sólo para evitar una de sus broncas.

–Cariño, no eres un ogro, pero cuando te enfadas asustas un poco… sobre todo cuando te enfadas con Félix. –Dijo Cris con voz de circunstancias.

Antes de que Alex comenzara a rebatir, cosa que iba a ocurrir en el acto, no pude evitar interrumpir.

–Chicas, necesito contaros algo urgentemente –. Todas se giraron de golpe y me miraron expectantes. Había sonado muy solemne, la verdad, pero necesitaba volverlo a contar. Así que procedí a explicarles todo lo sucedido con “Ojos Rasgados”, sin dejarme ningún detalle.

Estuve a punto de no decir nada del ataque que me dio por arreglarme cuando fui al video club por la mañana el día anterior, ni que me había puesto mis vaqueros de lujo en pleno día y me había maquillado y todo… pero al final decidí ser franca y no dejarme ni una coma. Quería una opinión sincera de mis chicas y no podía ocultar nada. Javi ya me había tranquilizado bastante, aunque no sé por qué sabía que ellas iban a opinar algo distinto. Pero para eso están las amigas, para decir las verdades aunque no sean lo que tú esperas oír… ¿no?

jueves, 11 de marzo de 2010

16- En "Tierra de Nadie"

Las quedadas de nuestro Club normalmente son en mi bar preferido. Está junto al mar, en una zona tranquila que, desgraciadamente, se está poniendo bastante de moda, pero que hace un tiempo descubrí cuando aún era más o menos “virgen”.

El local se llama “Tierra de Nadie”. La dueña, Marina, es una tía fenomenal, pero, sobre todo, muy especial. Montó el bar hace unos años. Tengo entendido que había sido un “crack” de las finanzas en un banco en Madrid o Barcelona, pero tuvo una depresión a causa del estrés por la presión de la vida moderna y todas esas cosas que están acabando con mucha de la gente joven de hoy. Así que Marina lo dejó TODO, el trabajo asfixiante, los horarios de veinticuatro horas al día de trabajo, los ordenadores, los libros, las reuniones en París… y, por supuesto, un sueldazo que le permitía llevar una vida llena de glamour, cenas en lugares súper “in” con gente súper “cool” y todo lo que la mayoría de mujeres quieren y envidian a las top models, actrices o casadas con cualquier individuo que gane muchísimo dinero, ya sea trabajando honradamente todo el día, inventando algo, cantando, actuando, jugando a fútbol o robando a mansalva, ¡es totalmente indiferente! Chanel y Dior lo valen.

Había oído comentar que Marina había montado el “Tierra de Nadie” gracias a que tenía un colchoncito de ahorros bastante considerable. Por lo visto, cuando empezó a encontrarse mejor de la “depre” se vino de viaje de relax con una amiga, y las vacaciones se alargaron tanto que al final se convirtieron en un cambio de domicilio y, posteriormente, en un nuevo empadronamiento de ambas aquí. Montaron el bar juntas pues decidieron dejar de fantasear con cambiar de vida y poner en práctica toda esa teoría maravillosa que te recomiendan en las revistas que toda mujer moderna debe devorar cada mes. En resumen, ellas hicieron eso que todos pensamos de dos a veinte veces al día que deseamos hacer pero que no llegamos a hacer NUNCA.

El bar tiene una terraza prácticamente sobre el mar. Está decorado con muy buen gusto, mezclando un poco lo barroco con lo hippie, una extraña combinación que queda fenomenal. Siempre hay música “Chill out” sonando y la gente que se sienta fuera, a menudo fuma porros, cosa que nadie les prohíbe, aunque si les pillaran es asunto suyo. En resumen, el prototipo ideal de bar que ahora está de moda.

Lo llamaron “Tierra de Nadie” porque querían que fuera un lugar a parte del resto del mundo, de cualquier ciudad, de cualquier país… que fuera un sitio donde dirigirse para desconectar de “Nuestra Tierra” y encontrarse en suelo neutro. Esto me lo explicó Marina un día en que le dije que me gustaba mucho el nombre y que si se le había ocurrido a ella.

— Yo siempre he vivido donde me han dicho que viviera o donde por mi trabajo tenía que vivir, ahora vivo en el lugar en el que YO quiero estar y no deseo que su nombre aparezca en ningún mapa del mundo— dijo con la mirada perdida como respuesta. Supongo que se había fumado algo, porque no entendí exactamente el significado de su respuesta, pero suena muy profundo, eso no se puede negar.

Las malas lenguas dicen que Marina, a parte de perder el interés por el tipo de vida y trabajo al estilo Ally Mc Beal, los coches, el dinero, las drogas (las malas lenguas son muy malas), también había perdido el interés por los hombres (cosa que a veces creo que deberíamos hacer todas, dicho sea de paso) y había vivido una historia tórrida y apasionada con Mica ( su compañera de vacaciones, socia del bar al principio y, según dicen, pareja). Por lo visto Mica era bastante rara, en el sentido de que, a diferencia de Marina que es extrovertida, divertida, nerviosa… era tímida, introvertida, callada, correcta, eso sí, pero algo seca. También era, por lo visto, un cañón de tía con unos ojos que todo el mundo juraba no haber visto iguales jamás.

Fui por primera vez al “Tierra de Nadie” con una amiga que es muy hippie, pero de verdad. Fue hace unos cuatro años, cuando la zona no estaba de moda como ahora, y el bar de Marina, aun así, se encontraba bastante concurrido, pero por gente mucho más auténtica que la que ahora lo frecuenta. Me encantó desde el primer momento cuando lo vi por fuera, y me sentí tan a gusto allí que desde entonces no he dejado de ir. Es un lugar que me da paz y donde me siento yo, puedo pensar con tranquilidad y relajarme... en Tierra de Nadie pero que siento muy mío.

jueves, 25 de febrero de 2010

15- En lo bueno y en lo malo

El último miembro del Club es Victoria, nuestra Charlotte particular. No es galerista, ni rica como la protagonista de la serie, pero tiene ese encanto especial, esa sensibilidad para con todos que caracteriza a Charlotte, a parte de una presencia aristocrática con mucho estilo. Además, es una persona que transmite mucha tranquilidad y sosiego, de esas que sabes que nunca te fallarán.

Estudió derecho al igual que Alex. De hecho fue precisamente en la facultad donde se conocieron y se hicieron amigas. Aunque son muy distintas se quieren con locura. Para Alex la opinión de Victoria es siempre definitiva cuando tiene algún problema y se permite el lujo de quitarse la máscara de mujer dura a la que nada afecta.

Victoria se casó muy joven con su novio de la adolescencia, Nico, y tuvieron una hija, Miriam, el gran amor de su vida y el motor que la ha mantenido siempre en marcha. Desgraciadamente el que parecía ser el hombre perfecto resultó no serlo, como ocurre muchas veces. Victoria tuvo que descubrirlo una mañana en que llegó antes de lo previsto a casa porque se encontraba mal y tuvo que presenciar en vivo y en directo como su marido se lo hacía con la chica que cuidaba de su hija encima de la mesa de la cocina. “A lo David Beckham”, como dice ella en plan irónico. De esta manera una relación de diez años se acabó para siempre pues ella fue totalmente incapaz de perdonar la infidelidad que él juraba había sido la primera y última de su vida. Por mucho que lloró, la persiguió, llamó, le envió regalos… Nico se quedó sin la que siempre ha dicho que es la mujer de su vida. Afortunadamente, después de la tormenta viene la calma, y han conseguido llevar una relación bastante buena, aunque Victoria intenta verle lo menos posible. Siempre he pensado que igual aún siente algo por él y su presencia le afecta, aunque ella lo niega rotundamente. Él tiene novias continuamente, pero nunca las lleva a casa cuando Miriam se queda con él. Es un buen padre, eso me consta, aunque como marido acabara fastidiándola.

Victoria es una mujer admirable que ha luchado como una leona para que su hija no sufriera nunca por culpa de su separación. Madre e hija tienen una relación muy especial. Yo misma, que no llego a aclararme si algún día se me despertará el famoso instinto maternal y querré tener descendencia (y eso que ya empiezo a tener una edad en que el instinto si no despierto, al menos conviene que esté algo espabilado) cuando las veo juntas a veces siento como una extraña nostalgia. Me da por pensar que es cierto eso que dicen de que los hijos le dan a uno una fuerza especial y que la vida de un padre gira siempre en torno a sus retoños y nada más.

Cuando se casó con Nico Victoria trabajaba en un despacho de abogados, pero en cuanto nació Miriam las interminables horas de trabajo por un sueldo miserable se le empezaron a hacer insoportables. Es la más sensible de todos los miembros del grupo, es como “la mamá” de todas. Después de su separación, cuando las cosas se asentaron, una idea empezó a rondarle en la cabeza. Quería ser funcionaria, tener un horario que le permitiera estar con su hija. Así que dejó el trabajo y tirando únicamente de algo que tenía ahorrado y lo que Nico le pasaba para la manutención de Miriam, se encerró durante un año y se sacó una plaza. Fue un año durísimo. Todas la ayudamos en lo que pudimos quedándonos con la niña muchas veces para que Victoria pudiera ir a clase con su preparador o haciendo pruebas con ella. En varias ocasiones, como no aceptaba que le diéramos dinero, compramos ropa para Miriam, algún juguete… Era muy difícil, pero lo consiguió. Ahora cuando nos acordamos de su época de opositora nos reímos y contamos mil anécdotas. Sin embargo, cuando lo pienso realmente, fueron momentos difíciles en los que creo que todas nos dejamos la piel de algún modo. Los amigos están para eso, sí, para lo bueno y para lo malo, porque para lo bueno estamos todos. He llegado a la conclusión de que un buen amigo es lo más grande que podemos tener, pues es capaz de hacer cosas que, a menudo, ni tu familia hace.

viernes, 12 de febrero de 2010

14- Las chicas sólo quieren diversión

Hola! ante todo mil disculpas por haber abandonado la historia, no ha sido por voluntad propia, eso podéis creerlo! Bueno, aquí vamos de nuevo, a intentar cumplir con ir actualizando a menudo y esperando vuestros comentarios!

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La Samantha del grupo es Alex. Nuestra devoradora de hombres al principio se resistió mucho cuando Cris propuso que era, sin duda, la candidata ideal para representar a la más caliente de las chicas de la serie. Más aún, si cabe, ya que, aunque es licenciada en derecho, montó una empresa de comunicación y publicidad hace cinco años junto a Félix, su mejor amigo y diseñador gráfico.

-¡Pero si Samantha es un putón! –exclamó indignada nada más oír la proposición de Cristina- Además, yo doy más el perfil de Carrie, sin duda –dijo para rematar.

Cris no iba a ceder su puesto de Carrie ni aunque alguna de nosotras fuera la mismísima Sarah Jessica Parker, así que siguió insistiendo.

Desgraciadamente para Alex, el resto de miembros del Club estábamos también de acuerdo en que, si bien su profesión puede estar más cercana a la de una redactora de columnas, su carácter se asemeja muchísimo más al de nuestra querida “Sam”, el personaje más auténtico de la serie, bajo mi punto de vista.

-Venga Alex –le dijo Cristina tranquilamente- pero si sabes que es verdad… además, no es un putón, es una mujer sin ninguna inhibición que vive su sexualidad sin tapujos y con toda libertad. Pero si tú te partes cuando dice algo. Hasta una vez dijiste que estás de acuerdo con ella.

Al fin conseguimos que aceptara, pues no puede negarse que su vida sentimental es, podríamos decir, muy “ajetreada”. Incluso yo diría que, más que vida sentimental deberíamos llamarla “vida sexual”, porque esa parte de la vida de Alex de “sentimientos” tiene poco.

Nuestra Sam es muy guapa y divertida, así que los hombres nunca le faltan. Más bien se los tiene que quitar de encima e, incluso a veces, se los quitamos de encima el resto de nosotras. Como dice ella “hay demasiados tíos como para quedarse con uno”.

En ocasiones hace lo que llama “catas de hombres”, algo así como las catas de vino. Es divertidísimo verla coquetear y hablar con varios en una noche para luego dejarlos a todos con las ganas. A eso lo llama “cata” aunque lo que se dice catar no cata mucho… según ella los “prueba” sin tocarlos, lógicamente se está refiriendo a sus coeficientes intelectuales, capacidad de conversación, tiempo de reacción, sentido del humor… su conclusión final siempre es la misma “¿cuándo encontraré un hombre que hable sin mirar hacia el escote? Quizá el día que lo encuentre me enamore”.

Yo veo difícil que ese hombre exista ya que Alex le saca mucho partido a su estupendo escote. Puede que sea cierto, a lo mejor si algún día aparece uno así le entra, por lo menos, la curiosidad por él.