jueves, 25 de febrero de 2010

15- En lo bueno y en lo malo

El último miembro del Club es Victoria, nuestra Charlotte particular. No es galerista, ni rica como la protagonista de la serie, pero tiene ese encanto especial, esa sensibilidad para con todos que caracteriza a Charlotte, a parte de una presencia aristocrática con mucho estilo. Además, es una persona que transmite mucha tranquilidad y sosiego, de esas que sabes que nunca te fallarán.

Estudió derecho al igual que Alex. De hecho fue precisamente en la facultad donde se conocieron y se hicieron amigas. Aunque son muy distintas se quieren con locura. Para Alex la opinión de Victoria es siempre definitiva cuando tiene algún problema y se permite el lujo de quitarse la máscara de mujer dura a la que nada afecta.

Victoria se casó muy joven con su novio de la adolescencia, Nico, y tuvieron una hija, Miriam, el gran amor de su vida y el motor que la ha mantenido siempre en marcha. Desgraciadamente el que parecía ser el hombre perfecto resultó no serlo, como ocurre muchas veces. Victoria tuvo que descubrirlo una mañana en que llegó antes de lo previsto a casa porque se encontraba mal y tuvo que presenciar en vivo y en directo como su marido se lo hacía con la chica que cuidaba de su hija encima de la mesa de la cocina. “A lo David Beckham”, como dice ella en plan irónico. De esta manera una relación de diez años se acabó para siempre pues ella fue totalmente incapaz de perdonar la infidelidad que él juraba había sido la primera y última de su vida. Por mucho que lloró, la persiguió, llamó, le envió regalos… Nico se quedó sin la que siempre ha dicho que es la mujer de su vida. Afortunadamente, después de la tormenta viene la calma, y han conseguido llevar una relación bastante buena, aunque Victoria intenta verle lo menos posible. Siempre he pensado que igual aún siente algo por él y su presencia le afecta, aunque ella lo niega rotundamente. Él tiene novias continuamente, pero nunca las lleva a casa cuando Miriam se queda con él. Es un buen padre, eso me consta, aunque como marido acabara fastidiándola.

Victoria es una mujer admirable que ha luchado como una leona para que su hija no sufriera nunca por culpa de su separación. Madre e hija tienen una relación muy especial. Yo misma, que no llego a aclararme si algún día se me despertará el famoso instinto maternal y querré tener descendencia (y eso que ya empiezo a tener una edad en que el instinto si no despierto, al menos conviene que esté algo espabilado) cuando las veo juntas a veces siento como una extraña nostalgia. Me da por pensar que es cierto eso que dicen de que los hijos le dan a uno una fuerza especial y que la vida de un padre gira siempre en torno a sus retoños y nada más.

Cuando se casó con Nico Victoria trabajaba en un despacho de abogados, pero en cuanto nació Miriam las interminables horas de trabajo por un sueldo miserable se le empezaron a hacer insoportables. Es la más sensible de todos los miembros del grupo, es como “la mamá” de todas. Después de su separación, cuando las cosas se asentaron, una idea empezó a rondarle en la cabeza. Quería ser funcionaria, tener un horario que le permitiera estar con su hija. Así que dejó el trabajo y tirando únicamente de algo que tenía ahorrado y lo que Nico le pasaba para la manutención de Miriam, se encerró durante un año y se sacó una plaza. Fue un año durísimo. Todas la ayudamos en lo que pudimos quedándonos con la niña muchas veces para que Victoria pudiera ir a clase con su preparador o haciendo pruebas con ella. En varias ocasiones, como no aceptaba que le diéramos dinero, compramos ropa para Miriam, algún juguete… Era muy difícil, pero lo consiguió. Ahora cuando nos acordamos de su época de opositora nos reímos y contamos mil anécdotas. Sin embargo, cuando lo pienso realmente, fueron momentos difíciles en los que creo que todas nos dejamos la piel de algún modo. Los amigos están para eso, sí, para lo bueno y para lo malo, porque para lo bueno estamos todos. He llegado a la conclusión de que un buen amigo es lo más grande que podemos tener, pues es capaz de hacer cosas que, a menudo, ni tu familia hace.

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