martes, 20 de abril de 2010

22- Armas de mujer

En cuanto llegué a la mesa y me senté todas me miraban fijamente. Últimamente lo de soportar pupilas clavadas en mí empezaba a ser rutina en mi vida.

-Es “él”, ¿verdad? –Cris no pudo contenerse ni diez segundos.

-¿A quién te refieres? –pregunté haciéndome la tonta. No sé por qué me apetecía fastidiar un poco. Era evidente a qué se refería, al igual que lo era la respuesta.


-A que ese chico “moreno, alto, con ojos penetrantes” es tu Lucas, ¡a eso me refiero! -. Por lo visto hoy no era buen día para bromas.

-Sí, era Lucas, ¡menuda coincidencia! Con lo de que es hermano de Marina me he quedado de piedra. Nunca me lo hubiera imaginado, sobre todo porque no se parecen en nada.

-Es cierto que no se parecen en nada –comentó Alex-, sin embargo eso pasa a menudo. Desde luego que ha sido una pasada que justamente, de toda la gente que hay, casi te lo cargues precisamente a él. –Alex nunca dejaría de sorprenderme por su ironía, aunque no le faltara razón. Estas son esas cosas “del destino” que a todos nos ocurren a veces y no entendemos. Lo importante era que le había vuelto a ver y, sobre todo, ¡que teníamos una cita!

-Ya sabes que yo tengo una gran puntería –contesté en broma-. Jamás hubiera esperado encontrármelo aquí, eso te lo aseguro. Y, desde luego, nada más lejos de mi intención que atropellarle…

-Bueno, ¿¿y?? –me interrumpió Cris nerviosa.

-¿Y qué? –no podía evitarlo, viendo su cara hambrienta de información me encantaba hacer que sufriera un poco.

-Venga, no me torees, que te has quedado hablando con él a solas un buen rato. ¿Qué ha pasado? Qué crueldad tenernos en ascuas así.

-Eso dilo por ti –saltó Alex-. Que no has parado de hacer cábalas desde que nos hemos sentado. Espero que haya salido algo bueno de vuestra conversación Paula, porque aquí “Radio Macuto” nos ha dejado sin oreja con sus elucubraciones.

No pude evitar soltar una carcajada. Alex era la antítesis de Cris, es decir, de cotilla tenía bien poco. En cambio, mi querida “Carrie” no paraba nunca de preguntar. En el fondo siempre he pensado que tiene razón en eso de que posee alma de reportera. De hecho, sería la más indicada para entrevistar a alguien complicado de entrevistar pues le sacaría toda la información habida y por haber.

-Valeeee –dije al fin. Ya me había hecho bastante la loca-. De mi atropello creo que ha salido algo bueno… tengo una cita con Lucas.

-¿¿Cómo?? –exclamaron las tres a la vez.

-Vamos a ver –mi querida “Charlotte” al fin abría la boca-, nos has dicho que le has visto dos veces y que trabaja en el video club. De pronto te recoge del suelo ¿y ya está? ¿Ya vas a salir con él? –sonreía de oreja a oreja.

-Pues me temo que sí –respondí devolviéndole la sonrisa-. No tengo vergüenza, ¡tienes razón!

-Vergüenza no sé si tienes, pero suerte tienes un rato –dijo Alex uniéndose a la broma.

-¿Cuándo es la cita? ¿Para qué habéis quedado? –Cristina seguía con el interrogatorio.

-Pues esta misma noche. Me recoge a las nueve para “invitarme” a cenar… ¡Ay, me va a pegar algo! –no pude contener los nervios más.

-¿Hoy? ¿Tan pronto? No nos da mucho tiempo de reacción, ¡te tenemos que acicalar entera! ¿Qué hora es? Al menos nos tiene que dar tiempo de peinarte, vestirte y maquillarte como es debido –“Carrie” no me iba a dejar ir a una cita con Lucas siendo “yo”, eso era de esperar.

Ya me lo veía venir, todas me miraban con ojos brillantes y hambrientos. Eran las cinco y media pasadas, tenían tiempo de poner en marcha toda esa cantidad de conocimientos adquiridos en el Elle y el Vogue que, si bien no utilizaban la mayoría de las veces para ellas, siempre está bien saber para poder ayudar a una amiga “desastre-que-no-tiene-ni-idea” como yo. A veces no soy consciente de la suerte que tengo de poder contar con las chicas, no sé qué sería de mí sin ellas en estos momentos de crisis.

-Vamos a sacar todo ese potencial que tienes ahí, oh si… -Cris daba miedo y todo-. Esa mujer que hay ahí dentro va a brillar esta noche.

Me esperaba una cita con la ducha, las cremas, el maquillaje, lápiz de ojos, sombras y demás. ¡Ah! Y mi “odiado-amigo-el-secador”, con el que estoy en guerra desde los catorce años, cuando empecé a intentar dominar las ondas que se me hacen a los lados de la cara. Menos mal que para todo eso tenía a la cuadrilla del “Club de la Mujeres que comen sin problemas”, el mejor club del que una chica puede formar parte.

martes, 13 de abril de 2010

21- Cómo interesarse, sin parecer interesada

No podía articular palabra. Mi cerebro había oído pero no era capaz de procesar la información. “Ojos Rasgados” frente a mí me miraba esperando una respuesta y, precisamente esa mirada, no me permitía poder pensar. Era domingo, yo los domingos nunca hago nada por las noches pues el lunes suele ser un día duro en el trabajo. Me gusta tomármelo con calma, ver una peli o leer antes de irme a la cama. Pero en este caso, claro, se podía hacer una excepción… una cena tempranera, algo ligero…

-Pero, ¿por qué me quieres invitar a cenar? Quiero decir…

-Paula, me apetece cenar contigo. Si te parece bien, me gustaría invitarte, eso es todo. ¿Siempre le das tantas vueltas a todo? ¡La vida sólo se vive una vez! –seguía perdida en la profundidad de sus ojos que ahora sonreían.

Eso es cierto, pensé, un día es un día. Y, además, yo nunca he sido de las que se comen la cabeza en exceso. Generalmente soy todo lo contrario.

-Pues no. Quiero decir que no le suelo dar demasiadas vueltas a nada –dije enseguida.- Lo que ocurre es que no me esperaba una invitación a cenar después de atropellar a alguien, entiéndeme.

Intenté poner una cara simpática y sonreír para quitarle hierro al asunto. Lo último que me apetecía era que pensara que soy la típica plasta que se pasa el día dudando de todo. ¡Si yo soy la persona más segura que conozco! O, al menos, eso creía. Me temo que en mi vida laboral soy, podría decirse, otra persona.

-¿Eso es un sí? –preguntó mientras seguía clavándome la mirada.

-Por supuesto –contesté en el acto-. Nunca le hago ascos a una cena.

-Me alegra oír eso. ¿Te parece bien que te sorprenda con el sitio o prefieres elegir a dónde vamos?

Otra encrucijada. ¿Por qué tiene que ser tan complicado lo de actuar ante alguien que te atrae? ¿Por qué no puedo mostrarme tal cual soy y decir lo que pienso como hago, por ejemplo, con Javi? ¡Oh, Javi! Me había olvidado de que iba a venir a casa con un DVD para pasar una noche tranquila de domingo conmigo antes de un lunes estresante. Bueno, esto era un caso excepcional, él una vez anuló una de nuestras noches de DVD porque le llamaron para ir a jugar un partido de no sé qué… seguro que no le importaría, incluso se alegraría por mí. Así podría probar si su teoría es cierta.

-Paula –dijo de pronto Lucas- Si no te apetece no tienes más que decirlo, no me voy a ofender.

-No, para nada, ¡claro que me apetece! –me entró pánico de que se echara para atrás. Pero tampoco quería que supiera que iba a faltar a una cita para cenar con él. No sé por qué pero no me apetecía que se sintiera tan importante.

-Entonces ¿qué decides, eliges o elijo? –preguntó de nuevo.

-Sorpréndeme –salió de mis labios casi sin querer. Ni ensayando me podría haber quedado mejor.

-Perfecto –contestó satisfecho-. Si me dices dónde vives te paso a recoger… sobre las nueve ¿te va bien? Haré la reserva para las nueve y media.

¿Debía hacerme la mujer independiente y pedirle la dirección del restaurante para ir con mi coche? Ojalá hubiera podido acercarme a la mesa de las chicas y plantearles la situación.

-No hace falta que me recojas, no quiero molestarte.

-No es molestia sino un placer –respondió mirándome de nuevo serio. Iba a derretirme de un momento a otro, podía sentir mi corazón latiendo con fuerza medio desbocado. Me moría de ganas de cenar con él y de pasarme el resto del día allí plantada simplemente mirándole. Ya no iba a plantearme más qué me estaba pasando pues no había duda. Estaba perdidamente loca por él. No sabía cómo era posible sentir algo tan fuerte sin conocerle, pero ya no podía negarlo.

-En ese caso me parece bien –logré articular con normalidad, y le di mi dirección.

-Pues te recojo a las nueve entonces –dijo.

-¿Tengo que arreglarme especialmente? Quiero decir… no sé a qué tipo de restaurante vamos –pregunté.

-Vamos a un sitio al cual puedes ir como quieras. Como vas siempre, preciosa.

“Respira Paula, ¡qué te vas a ahogar!” Tuve que concentrarme para no tambalearme. Una especie de corriente atravesó mi espina dorsal. Intenté que no se notara el impacto de sus palabras. Vamos, como si me lo dijeran cada día unas cuantas veces.

-De acuerdo, pues eso haré –dije sonriendo, como si tal cosa.

-Hasta luego pues –me taladró de nuevo con sus ojos.

-Hasta luego –repetí mientras me giraba con la intención de volver a la mesa en busca de salvación con mis amigas. No sabía si él también se había ido o si me miraba, “¿y si me giro para comprobarlo? Seguro que se ha marchado”. Sabía que no debía hacerlo pero giré la cabeza y miré. “Ojos Rasgados” seguía de pie y me miraba fijamente. Menos mal que me volví a tiempo para no comerme una mesa y repetir la lamentable escena de nuevo, pero esta vez sin salvador. Seguí caminando lo más normalmente que pude mientras sentía su mirada, abrasándome por dentro.

jueves, 8 de abril de 2010

20- Cuando menos te lo esperas

Lucas sonrió de nuevo:

–No te preocupes Marina, Paula y yo ya nos conocemos –. Todas nos miraron intrigadas.

–Es socia del videoclub –dijo.

A mis amigas se les abrieron los ojos como platos –quizá como platos es algo exagerado, pero yo noté enseguida el cambio en su expresión. Les había hablado de “Lucas” pero, lógicamente, no lo habían relacionado con "este" Lucas hasta que salió el video club a colación.

–¡Qué casualidad! –exclamó Marina encantada.– ¡Así queda todo en familia! Paula es una de mis clientas preferidas, a parte de ser una de las más asiduas.

“¿En familia?”, ¿qué quería decir eso exactamente? De pronto sentí un ligero vértigo. Marina y Lucas eran pareja, ahora lo veía claro. Debía ser algo reciente pues a él era la primera vez que le veía en el bar y, ciertamente, que yo no vea a alguien que acude a menudo es bastante raro.

Como si hubiera leído mis pensamientos Marina continuó:

–Chicas, os presento a Lucas, mi hermano pequeño. Ha llegado hace poco del extranjero.

Creo que abrí la boca y todo. Bueno, estoy segura de ello pues Victoria me dijo por lo bajo que la cerrara. Podría haber imaginado cualquier cosa menos eso. Marina era totalmente opuesta físicamente a su hermano. De estatura media, tirando a baja, complexión muy delgada, pelo ondulado y castaño, y ojos azules. Lucas alto, tan moreno, de complexión fuerte y con aquellos ojos oscuros, tan oscuros.

–¿Del extranjero? –Cristina nunca puede reprimir a la periodista cotilla que hay en ella.– ¿Y dónde estabas?

No puede evitar pegarle un codazo disimuladamente a mi amiga la bocazas. Me sentía como si nos estuviéramos metiendo en algo que no era en absoluto asunto nuestro.

–Cris –dije suavemente con mirada de asesina– no vamos a someter al pobre Lucas al tercer grado ahora.

–No hay problema –contestó “Ojos Rasgados” clavándome la mirada.– Lo cierto es que he estado en varios sitios en los últimos años, pero concretamente antes de venir estaba en la India.

–¿De verdad? –en cuanto se trata de países asiáticos Alex es la que salta. Dejando a un lado su definido perfil de urbanita, mi querida amiga tiene también un recóndito espíritu aventurero que la ha llevado a visitar numerosos lugares en calidad de mochilera, en grupo e incluso sola en un par de ocasiones. -¿En qué parte de la India has estado? A mí me fascinó ese país.

Mi cara “de ajo” no parecía intimidar lo más mínimo a las chicas que empezaban a sufrir, por lo visto, el “efecto Ojos Rasgados”.

–Pues me moví bastante, pero principalmente en Nueva Delhi.

–¿Y qué hacías allí? –Esta vez le di bien a Cris en las costillas. La oí aspirar con fuerza para no soltar un grito.

–Tenía negocios allí –contestó él.

–Bueno, –interrumpió Marina- perdonad pero ¡debo volver al trabajo! Que soy la dueña y encargada del local.

–Sí, claro –dijo Cris, que me consta que tuvo que morderse la lengua para no seguir preguntando-. Nosotras también nos vamos a ir a la mesa ya que Paula está sana y salva.

De pronto me encontré de pie frente a Lucas que me miraba fijamente. No sabía si unirme a mis amigas y alejarme con un “bueno, gracias por todo, ya nos veremos”, pero me había quedado pegada al suelo sin posibilidad de moverme y olvidándome de respirar, para variar.

–Al fin solos –dijo con un brillo especial en las pupilas.

–De verdad quiero disculparme y darte las gracias… –empecé a decir.

–Creo que si me acompañas a cenar esta noche me consideraré recompensado –me soltó de sopetón.

–¿Perdona? –logré articular– ¿quieres que te invite a cenar?

–No –me dijo serio–. Quiero invitarte a cenar yo a ti, si te parece bien.

El corazón empezó a latirme con muchísima fuerza, esta vez mi respiración funcionaba, pero de forma acelerada. “Ojos Rasgados” me miraba esperando una respuesta.

jueves, 1 de abril de 2010

19- El poder de la gravedad

Lucas me sujetaba fuertemente. Para contrarrestar mi peso había caído con una rodilla al suelo, uno de sus brazos me rodeaba la cintura y el otro pasaba por detrás de mi espalda mientras su mano descansaba sobre mi pecho… Bueno, decir descansaba es decirlo de forma suave pues, supongo que debido a los nervios de la situación, los dedos de “Ojos Rasgados” estrujaban mi delantera ligeramente… Sus ojos pasaron de la preocupación al reconocimiento para, finalmente, adoptar esa expresión pícara que ya empezaba a ser familiar, como si sus pupilar sonrieran.

Deduzco que entre la pose, las manchas de latte y el susto, yo debía estar todo menos sexy y atrayente.

Mantuvimos nuestras miradas unos segundos que me parecieron horas. Tuve que recordarme de nuevo que debía respirar, esa extraña manía de dejar de inspirar cuando él estaba cerca iba a terminar causándome un problem.

De pronto me di cuenta de que en el bar se había hecho el silencio y todo el mundo nos miraba. Acto seguido desviamos ambos la mirada hacia mi “delantera estrujada” que él soltó rápidamente. Yo no se lo tuve en cuenta, después de salvarme del ridículo, y de una buena caída, entiendo que el poder de la gravedad que tira para abajo puede ocasionar este tipo de incidentes, ¿no?

Las chicas se habían levantado de golpe y Cris apareció a nuestro lado para ayudarme a volver a posición vertical. Afortunadamente el murmullo del bar comenzó a oírse de nuevo, la gente había vuelto a sus conversaciones tras comprobar que no había ni sangre ni muertos.

Marina salió de detrás de la barra como una exhalación y con cara de gran preocupación empezó a tocarme como buscando algún hueso roto o algo así.

-¿Estás bien? –dijeron todas al unísono.

-¿Qué ha pasado? –preguntó Marina preocupada con los ojos muy abiertos.

-Sí, sí, estoy bien… no os preocupéis, yo… -logré balbucear.

-Ha sido culpa mía –aquella voz era como una inyección de anestesia paralizante-. Iba sin mirar.

-No, no, yo… me he levantado y he tropezado con algo…

-Con mi pie –dijo él con una sonrisa burlona, mostrando un zapato marcado claramente con una pisada. Creo que me puse roja al instante pues la cara empezó a quemarme.

-Te has puesto perdida. Y creo que tú, Lucas, un poco también –dijo Marina, mientras le pasaba la mano por la camisa en la que se podía ver una mancha marrón.

-No pasa nada, me tengo que cambiar igualmente –contestó él.

-Por favor –dije sin pensar- dámela y te la llevo al tinte. Acto seguido me di cuenta de la imposibilidad de que me la diera en ese momento y de que yo me fuera con la camisa en la mano y él a pecho descubierto.

-No digas tonterías, lo importante es que estés bien y que no te hayas hecho daño –ahora me miraba serio.

-Estoy perfectamente. Gracias, has evitado que acabara en el suelo.

De pronto esa sonrisa que ya conocía, esa que me desarmaba, le iluminó el rostro de nuevo.

-Hubiera sido interesante ver si te defiendes bien en este tipo de situaciones incómodas como caerse en medio de un bar –me miraba desafiante.

-Buff, me defiendo de cine, para empezar porque tengo un estilazo cayéndome –respondí con mi sonrisa más irónica.

-Buena respuesta –dijo asintiendo-. La próxima vez tendré que dejarte caer para comprobarlo.

-Lucas, deja a Paula en paz que después del susto lo que menos necesita es de tu sarcasmo –exclamó Marina mirándole seriamente.

De pronto una extraña sensación se apoderó de la boca de mi estómago. ¿Qué me estaba perdiendo? Para empezar, ¿de qué conocía Marina a Lucas? Desde luego le conocía bien, no cabía duda. La sensación no se me iba, era algo desagradable, de pronto me di cuenta, estaba realmente celosa.