miércoles, 26 de mayo de 2010

24- Un espejo de cristal y mírate y mírate

Cuando acabaron conmigo me sentía como un cuadro recién terminado. Mis creadoras me miraban muy serias. Cris, con los ojos medio entornados y la mano sujetándose la barbilla. Alex se pasaba el dedo por la nariz de arriba a abajo, un gesto que siempre hace cuando se concentra en algo. Victoria erguida con los brazos cruzados haciendo ligeros gestos afirmativos con la cabeza.

-Bueno, ¿me puedo mirar ya en el espejo?, porque todavía no sé el aspecto que tengo y me preocupa -dije, rompiendo su ensimismamiento.

-¡Un momento! –gritaron las tres a la vez.

Cris dio una vuelta a mi alrededor, como si estuviera estudiando las proporciones de un caballo que pensara comprarse.

-Chicas –empezó a decir-, creo que está… ¡fantástica!

-Perfecta –Victoria seguía asintiendo.

-Totalmente de acuerdo. Creo que ya te puedes mirar Paula –continuó Alex, con una sonrisa pícara.

Un profundo suspiro escapó de mi interior. Estaba nerviosa, ¡me habían contagiado! Di media vuelta lentamente y fui acercándome poco a poco a la habitación para mirarme en el espejo de cuerpo entero que tengo detrás de la puerta. Cuando estuve cerca cerré los ojos y tras posicionarme frente a él los abrí.

Se había hecho un silencio total. Una chica me miraba desde el otro lado del espejo. Me sonaba bastante, tenía muchos rasgos que me eran familiares… era alta y delgada, con el pelo largo y ondulado como las que había visto en las revistas de moda de mis amigas. Enfundada en un vestido corto, estampado en colores cálidos y con algo de vuelo, calzaba unas botas color camel, de caña media, arrugadas y con un buen tacón. Sus largas piernas llamaban bastante la atención. Sus ojos resaltaban bastante, en parte gracias a un juego de sombras de colores tierra y gris. Sus mejillas rosadas le daban un aire juvenil y sus labios brillaban gracias a un gloss transparente. Llevaba varias pulseras y anillos que junto al resto del conjunto le daban un aire bohemio, “hippie boho” como se dice hoy.

Esa chica tenía mis facciones y me miraba confusa, sorprendida y descolocada. Mi femineidad me dio un sopapo en plena cara. “Si viera entrar a esa chica en algún sitio, la miraría” pensé.

Mis amigas me observaban impacientes e intrigadas.

-Bueno… ¡¿Qué?! Di algo, por favor. ¡Parece que te hubieras quedado muda! –exclamó Cris a punto de estallar de curiosidad.

-No le gusta… -dijo Victoria seria-. Es normal que te veas rara Paula, no estás acostumbrada a maquillarte. Si no te sientes cómoda te desmaquillamos y te pones unos vaqueros…

-¡Ni hablar! –Cris estaba indignada-. Está preciosa y no se va a tocar nada. Ya va siendo hora de que se comporte como una mujer y no como una extraterrestre.

-Chicas, ¡basta! –dije girándome hacia ellas-. Estoy… simplemente… ¡perfecta! Sólo espero reconocerme si me veo en un escaparate.

-Mi niña, ¡pero si eres tú con una pequeña mano de chapa y pintura! –Cris me abrazó con fuerza-. Estás tan guapa que no se puede aguantar.

De pronto estábamos las cuatro abrazadas como idiotas en medio de la habitación, como si en lugar de a una cena me estuviera preparando para ir a la guerra.

Al fin habían logrado lo que intentaban desde hacía años: despertar a la fémina que hay en mí. No sabía si aquella sensación duraría sólo unos instantes, pero me sentía “poderosa”, aunque de una forma extraña que nunca había experimentado. No era una sensación de poder como la que en ocasiones sentía cuando cerraba un buen trato o realizaba negociaciones importantes en el trabajo. En lugar de asaltarme de nuevo las dudas me llené de una extraña energía. “Dure lo que dure esto, ahora mismo podría lograr lo que me propusiera”, pensé. Ahora entendía lo que significa eso de “Armas de Mujer”.

martes, 11 de mayo de 2010

23- Sombra aquí y sombra allá, maquíllate

Realmente no sé cómo llegué a casa. Las chicas me sacaron volando del “Tierra de Nadie”. Pero cuando digo volando me refiero a VOLANDO, es decir, sin pisar el suelo.

De pronto, aparecí en mi habitación y, en cuestión de minutos la escena era algo surrealista.

Mis amigas vaciaron la mitad de mi armario sobre mi cama en menos de lo que tardas en aspirar y expirar y, sin hacerme el menor caso, procedieron a elegir las prendas que “debía” ponerme esa noche para estar “super-chic-y-divina”.

-Este vestido es “el vestido”, sin duda –dijo Cris de pronto, sosteniendo en alto un trozo de tela floreada que no recordaba haber visto en mi vida.

-Me parece que es excesivamente corto… -intenté dar mi opinión sin éxito.

-Es perfecto –contestó Alex, como si no hubiera oído nada-. Se llevan mucho los mini vestidos con botas esta temporada. ¡Necesitamos unas botas cañeras!

-Le regalamos una muy chulas el año pasado –dijo Victoria de pronto, con el dedo índice en alto y el rostro iluminado.

-¡Tienes razón! Las botas de caña arrugada! Búscalas por ahí Victoria –ordenó la sargento Cristina-. ¡Tenemos que darnos prisa!

Esto empezaba a ser demasiado. Allí estaba yo, sentada a un lado de la cama, mirando la escena sin habla y, en lugar de preguntarme a mí dónde estaban mis botas ¡se ponían a buscarlas!.

-Victoria, las botas… -comencé a decir.

-No te preocupes, ¡las encuentro seguro!

-Pero Victoria… Cris, en ese cajón no hay nada… ¿¡¡me quiere escuchar alguien!!? –un grito que hasta a mí me sorprendió escapó de mis pulmones. Estaba totalmente indignada. –Estoy aquí, ¡delante de vosotras!

Las tres se pararon en seco. Cris tenía en la mano algo negro de encaje que había sacado de mi cajón. Victoria, a cuatro patas, había sacado la mitad de mis zapatos del armario. Y Alex estaba en el baño metiendo mano a mi escaso maquillaje, supongo.

-Sé que no soy la más puesta en moda y todo eso, pero sé arreglarme para una cita. Y no es que no agradezca vuestra ayuda, pero ¿dónde se ha visto que se pretenda echar un cable a alguien sin dejarle opinar ni abrir la boca?

-Mi niña, tú no te preocupes de nada. Sabemos que sabes, no es que no sepas… simplemente no es tu fuerte… -cuando Cristina intenta ser diplomática, normalmente, acaba fastidiándola-. ¿Por qué no haces un crucigrama? O ¿quizá prefieres una de tus revistas de economía por si ha pasado algo en la bolsa?

-Tiene razón, Cris –dijo Alex de pronto con una mueca en la cara-. Ella es la que va a la cita…

-Menos mal que alguien me entiende… es que de verdad, no entiendo a qué viene tanto revuelo! –exclamé indignada.

Las tres se miraron y me miraron. Ya sabía lo que significaba esa mirada. Las devoradoras de "Vogue" no iban a permitir que una devoradora de "The Economist" se arriesgara a no salir victoriosa. Ellas eran las que sabían lo que se traían entre manos, lo vi claramente en sus ojos brillantes, estaban disfrutando como enanas y yo les pretendía privar de semejante diversión.

-Cariño –Cris no puede dejar a nadie con la última palabra-, no sé si eres consciente del “elemento” que te ha invitado a cenar esta noche, pero más te vale estar espectacular para que tu Lucas no pueda resistirse, ¡hazme caso!

Era una batalla perdida, no había nada que yo pudiera hacer o decir. Las chicas del Club siempre estamos ahí para el resto, pase lo que pase. En este caso se habían marcado una clara meta, que yo estuviera irresistible para “Ojos Rasgados” y ni yo, ni el ejército de caballería, seríamos capaces de detenerlas.

Cada una siguió a lo suyo, buscando y revolviendo todas mis cosas mientras yo seguía mirándolas, pero esta vez con cariño. De una cosa estaba segura, esa noche iba a triunfar, no me cabía la menor duda.