jueves, 3 de junio de 2010

25- Mira ahora, mira ahora puedes mirar

El interfono sonó a las nueve en punto, ni un minuto más, ni un minuto menos. En un instante bajé de la nube en la que me encontraba para aterrizar en mi habitación, con una especie de ataque repentino:

-¡Es él! ¡Está abajo!

Cris también pegó un respingo y corrió hacia la ventana. Suele mimetizarse con la gente que se encuentra en situaciones de estrés, que era mi caso. Supongo que lo hace por solidarizarse con los demás. Según Alex, “Cris es una histérica parásita de emociones”. Yo no lo diría tan duramente. Simplemente “lo vive”.

-¡Cris!¡aléjate de la ventana que te va a ver! –le grité en susurros horrorizada. Algo complicado lo de gritar en susurros, lo sé, pero en estos casos una lo consigue.

Sólo de pensar que “Ojos Rasgados” pudiera creer que el salir a cenar con él suponía un acontecimiento especial en mi vida me resultaba insoportable. “Sigo siendo la orgullosa de siempre, menos mal”, pensé.

-¡Pero si no me ve! –contestó la aludida desde detrás de las cortinas-. De todos modos no le veo… Ah!¡ahora sí!

-¿Y cómo va vestido? –pregunté “al borde de un ataque de nervios”.

-Muy bien, está muy guapo.

-¡Lo sabía! Se ha arreglado y yo voy desentonando con este look semi hippie que me habéis puesto.

Las tres se habían apiñado tras las cortinas. Victoria, que debía ser la que mejor visión tenía, a la vez de ser la más discreta me tranquilizó:

-Para nada, va en vaqueros con una camisa muy bonita. Guapo, pero informal. ¡Estás perfecta!

Mis miedos se disiparon ligeramente, pero el corazón parecía querer salirse de mi cuerpo por algún lado y no parecía haber decidido por dónde ya que me latía con mucha fuerza.

El interfono volvió a sonar. No sé por qué pero esta vez el pitido pareció más fuerte. Eso no es posible, el interfono suena siempre igual, pero parecía impaciente.

-¡Haz el favor de contestar o te vas a quedar sin cita! –me gritó Alex en susurros. Ella también sabe gritar en susurros... realmente todas sabemos, es algo que una lleva dentro y utiliza con frecuencia cuando se comunica con sus amigas.

Corrí, descolgué y respondí lo más normalmente que pude.

-Hola Paula, soy Lucas, el que te salvó la vida esta tarde, ¡espero que me recuerdes!-. Hasta a través de un aparato era capaz de hacer que me pusiera roja.

-Hola, mmmmm, ah! ¡Sí, te recuerdo! ¿Cómo va la vida?- dije entre risas.

Mis amigas me miraban como si estuviera loca. Lógicamente no podían oír a la otra parte.

-Desde la última vez que nos vimos mi vida ha sido un suplicio. Pero ahora que sé que voy a verte me siento mucho mejor.-Podía imaginarme su sonrisa sólo con oír su voz-. ¿Subo a buscarte o bajas?

-Creo que seré capaz de bajar yo sola. Ya estoy lista, en dos segundos estoy abajo.

-Perfecto, una mujer puntual, vaya, vaya…

Colgué y me apoyé contra la pared. Miré a las chicas que ya se habían puesto en marcha. En un instante me ayudaron a ponerme la chaqueta vaquera estratégicamente elegida para darme un aire chic. Me dieron el bolso que habíamos elegido y preparado meticulosamente con todo lo que pudiera hacerme falta, junto con gran variedad de cosas que no iba a necesitar más que en caso de producirse una catástrofe natural. Cris me colocó en el cuello un pañuelo con pequeños flecos.

Ya habíamos acordado que esperarían diez minutos en mi casa antes de irse para evitar un encuentro de todos abajo.

-Chicas… ¡sois las mejores! –les dije emocionada.

-Venga tonta, ¡baja ya y pásalo muy bien! –me dijo Cris empujándome hacia la puerta.

-Y no te pongas nerviosa, ¡se tu misma! –añadió Victoria.

-Y ¡no se te ocurra llamarme mañana si no pegas un buen polvo después! –remató Alex.

Me metí en el ascensor y tras presionar el botón para bajar cerré los ojos e intenté concentrarme en mi respiración. Jamás en toda mi vida me había puesto tan nerviosa ante una cita para salir con alguien. Lo cierto era que jamás me había puesto nerviosa salir con nadie.

“Espero no matarme con estas botas”, pensé. El tacón no es que fuera excesivo, pero ante mi falta de práctica y mi nula concentración cuando me encontraba bajo el influjo energético de Lucas ya no me fiaba.

Al abrirse las puertas salí decidida. A medida que me iba acercando a la puerta de la calle empecé a adivinar su figura tras el cristal. En el momento en que agarré el picaporte para abrir, nuestros ojos ya se habían encontrado y se me había vuelto a olvidar respirar.

Con gran satisfacción me di cuenta de su desconcierto inicial al verme. Por un instante temí que quizá se hubiera llevado una decepción, sin embargo, en décimas de segundo el extraño brillo de siempre se intensificó en su mirada. Incluso me atrevería a decir que se tornó más oscura y profunda. Entonces volví a sentir “el poder” de unos minutos antes.

La química funciona sin que podamos controlarla, ya lo he dicho en otra ocasión, pero “siempre se le puede dar un empujoncito con algo de color y trozos de tela”, como dice Cris, mi Carrie particular.

4 comentarios:

  1. ai por dios otra enseguida por favor! jaja

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  2. Geniallllll que bueno¡¡¡¡ Que ganitas de seguir leyendo. Muchas gracias por escribir y compartirlo

    Carol

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