martes, 22 de septiembre de 2015

29- Irremediablemente perdida

Después de los postres y unas copas más de champagne Lucas me miró divertido.

–Bueno, me parece que es hora de que la lleve a casa señorita. Mañana creo que debe usted ir a trabajar.

Era cierto, el día siguiente era lunes. Tenía mil cosas en el trabajo e iba a tener que hacerlas frente con una buena resaca. Otro de mis problemas, mi escasa o, mejor dicho, inexistente tolerancia al alcohol.

–Sí, lo cierto es que se ha hecho algo tarde.

–Eso suele ocurrir cuando uno está disfrutando el momento. El tiempo pasa y uno no lo ve.

Nos levantamos sin que nadie se acercara con la cuenta.

–La cuenta… –dije algo incómoda.

–Esta es una invitación mía, no te preocupes por nada. ¿Vamos?

–Muchas gracias, ha sido una cena fantástica en un sitio precioso…

–Me alegra que te haya gustado –dijo complacido.

Una vez nos levantamos nos acercamos a Marcos que estaba detrás de la barra arreglando la presentación de una bandeja.

–Como siempre ha sido un placer y un gusto estar aquí –dijo Lucas.

–Me alegra oír eso, espero que todo haya sido de vuestro agrado –respondió mirándome.

–Estaba todo buenísimo y te felicito por el lugar… es precioso.

–Muchas gracias –respondió sonriendo.—Espero que el resto de la velada la paséis muy bien.

Le guiñó un ojo a Lucas y luego le dio de nuevo un efusivo abrazo. A mí se me acercó con una amplia sonrisa y me dio los dos besos de rigor.

Una vez en el coche conseguí relajarme un poco. Lucas me abrió la puerta para que entrara. Luego condujo con cuidado mientras nos dirigíamos a mi casa. De pronto un montón de pensamientos se agolparon en mi cabeza. “Y ahora ¿qué? ¿Se supone que tengo que invitarle a subir a tomar algo? Y si sube, ¿qué hago? Nunca he llevado a nadie a mi casa en la primera cita”. Sin duda nunca nadie había despertado en mí las sensaciones que él provocaba. Por un lado me apetecía que subiera a casa, no quería que la noche acabara. Por otro lado me aterraba que subiera y verme sola con él.

Cuando llegamos aparcó en la puerta y apagó el motor. “O no, ahora llega el momento”.

–Ya hemos llegado. –dijo girándose hacia mí.

–Sí, ya estamos aquí… –no sabía qué decir. –¿Quieres…?

–Me encantaría subir, pero no quiero molestarte si quizá mañana tienes que madrugar o estás cansada.

–Bueno, tengo que madrugar pero puedo ofrecerte… un café… Lo cierto es que no suelo tener alcohol en casa, no tengo mucho que brindarte.

–Un café está bien –dijo sonriendo.– ¿Estás segura?

–Sí, claro –respondí inmediatamente. “Ahora ya no hay marcha atrás. Va a subir. Tampoco pasa nada por tomar un café…”

Lucas me abrió galantemente la puerta del coche para que saliera, algo a lo que solo mi padre me tiene acostumbrada. Una vez fuera me puso la mano en la cintura mientras me acompañaba a la entrada de casa. Todas las células de mi cuerpo se revolucionaron con su solo contacto.

Una vez delante de la puerta nos quedamos uno frente al otro. Ojos Rasgados me miraba intensamente, su mirada se había tornado más oscura si eso es posible. Abrí el bolso y comenzó la guerra de siempre en busca de las llaves que desaparecen en él por arte de magia… Sonreí nerviosa.

–Siempre pasa igual, este bolso es como un agujero negro.

–No te preocupes, no hay prisa –dijo con esa mirada intensa que no me dejaba concentrarme.

De pronto oí el tintineo al fondo. Al fin había dado con ellas. Intenté abrir la puerta pero la llave no quería entrar en la cerradura o la cerradura no quería a la llave… la cuestión era dejarme en evidencia.

–Paula, ¿estás nerviosa? –la pregunta me descolocó por completo. Alcé la vista para encontrarme con sus ojos.

–No… simplemente… me desconciertas –logré balbucear.

Ahí estábamos, uno frente al otro. Me penetraba con la mirada. De pronto me acarició la cara con la mano muy suavemente… Retiró un mechón de pelo que me caía sobre los ojos con mucho cuidado.

Cerré los ojos y respiré profundamente, podía olerle, olía muy bien. Sentía una corriente por todo el cuerpo recorriéndolo de arriba abajo. Noté sus labios, muy suave y lentamente, sobre los míos mientras me sujetaba con ambas manos por la nuca. Nuestras lenguas se rozaron, muy despacio y otro corrientazo me recorrió de nuevo.

Me sujetó por la cintura fuertemente. Eché la cabeza hacia atrás mientras me besaba el cuello. Mis manos le recorrían la espalda, fuerte y ancha… empecé a sentir que me mareaba…

–Creo que convendría subir o acabarás con muy mala fama entre tus vecinos –me susurró al oído.

–Sí… –abrí los ojos despacio. Conseguí introducir la llave en la cerradura y abrir. Me cogió de la mano y me condujo lentamente hacia el ascensor. Llamó, volvió a ponerse frente a mí cogiéndome fuertemente de la cintura y me atrajo hacia él… Ahora sí estaba perdida, irremediablemente, completamente…

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