miércoles, 23 de septiembre de 2015

30- En sus brazos

De pronto la puerta del ascensor se abrió y entramos a toda prisa. Una vez hube pulsado la tecla del segundo piso Lucas volvió a besarme, esta vez con menos suavidad, como si fuera a devorarme con los dientes mordió mi labio inferior volviendo a provocar un calambrazo por todo mi cuerpo. Me empujó con delicadeza contra la pared y me inmovilizó con su cadera mientras pasaba su mano por mi espalda, enredando sus dedos en mi pelo y tirando de él suavemente hacia atrás mientras acariciaba mis labios con su lengua. Comencé a sentir algo que no había sentido nunca, un deseo incontrolable.

La puerta se abrió de nuevo y le cogí de la mano guiándole hacia mi apartamento. Sentía  que no podía esperar más, pero él, de pronto, estiró de mi brazo volviendo a empujarme contra la pared. La sola idea de que algún vecino apareciera me hizo empezar a respirar cada vez con más fuerza. Su mirada oscura sobre mí me dejó sin aliento.

–Eres preciosa –dijo mirándome fijamente a los ojos y besándome de nuevo. Le volví a coger de la mano y tiré de él de nuevo hacia mi puerta. Una vez delante de ella volví a revolver en mi bolso en busca de las llaves, esta vez con más suerte. Una vez dentro encendí la luz.

–¿Quieres tomar algo? –logré articular recomponiéndome un poco.

–Te quiero a ti –respondió mirándome muy serio. En ese momento ya no pude contenerme, nos abalanzamos el uno sobre el otro en medio del salón. Me subió a horcajadas y me acercó al sofá.

–No, a la habitación –dije indicándole dónde estaba mi cuarto.

Me depositó sobre la cama, alejándose de mí para mirarme. Creí que iba a derretirme. Alargué el brazo y tiré de él por la camisa hacia mí. Nos desvestimos el uno al otro con impaciencia y me hizo el amor como nunca nadie lo había hecho antes. Primero despacio, con mucho cuidado, luego más fuerte, más intenso. Yo me sentía sumida en una nebulosa de sensaciones desconocidas. Nunca había experimentado un nivel de excitación igual, ni había sentido que me compenetraba con alguien de un modo similar.

Al terminar nos quedamos tumbados entrelazados, yo apoyada en su pecho mientras él me acariciaba la espalda. Ambos nos habíamos quedado como en un extraño estado de sosiego. De pronto oí su respiración profunda, se había quedado profundamente dormido. Le miré, su rostro estaba totalmente relajado y tranquilo y abrió los ojos lentamente.

–Hola –dijo en un susurro.

–Hola –respondí no pudiendo evitar una sonrisa.

–No nos hemos portado muy bien finalmente –su mirada pícara se iluminó.

–Me temo que no mucho. Mañana me voy a acordar mucho de ti en el despacho.

Cerró los ojos y echó la cabeza atrás mientras seguía acariciando mi espalda y bajaba la mano un poco más hasta rozarme la parte baja de la cintura.

–Sí, es una pena que sea tan tarde… porque me encantaría comerte entera otra vez.

Mi cuerpo se convulsionó y sentí un gran deseo de nuevo. Alcé la vista desde donde estaba apoyada y vi su barba, abundante, que ya empezaba a dibujar una sombre negra y sexy por los lados de su rostro. Estaba irresistible.

Volvió la vista abajo y me encontré con sus ojos que me taladraron de nuevo. No pude hacer nada para negarme o resistirme. Volvimos a hacer el amor más intensamente que la otra vez, si eso es posible, y acabamos agotados sumidos en un sueño profundo hasta que se hizo de día.

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