jueves, 8 de octubre de 2015

32- Maldita incertidumbre

En todo el día no conseguí concentrarme en el trabajo. Por un lado, imágenes de la noche anterior volvían continuamente a mi mente provocando que todo mi cuerpo se estremeciera. Por otro, no podía olvidar mi conversación de esa mañana con Javi. En el fondo no me apetecía nada ir a cenar a su casa y no era precisamente por la cena, sino porque me temía que lo que iba a contarme no me iba a gustar.

Mientras estaba en la pausa de la hora de comer, delante de mi ordenador, con una sándwich, intentando terminar un informe en el que no conseguía concentrarme, me entró un sms en el que Cris pedía “Reunión hoy a las 19h en el Tierra de Nadie para que Paula nos cuente cómo fue anochedirigido a  los miembros del “Club de las mujeres que comen sin problemas”. Había quedado con Javi para cenar, pero podía pasar antes por el bar para ver a las chicas. Sin saber bien si era o no conveniente adelantarles ya que “Ojos Rasgados” parecía ser un ente peligroso, decidí que era mejor no decir nada hasta haber averiguado de qué se trataba.

El día se me hizo eterno. Entre el cansancio y la sensación de desazón que tenía pasé una tarde fatal en que no conseguí hacer lo que tenía que hacer.

Cuando llegó la hora de irse cogí el bolso y salí a toda prisa a oxigenarme. Pocas veces me ha pasado el haber perdido un día como ese sin ser productiva. Subí al coche y puse el piloto automático hacia el “Tierra de Nadie”.

Cuando llegué al bar me di cuenta de que aún era pronto. Estaba tan ansiosa por irme de la oficina que me había dado más prisa de lo normal. Aunque, por otro lado, si ninguna de las chicas había llegado me daba la oportunidad de poder hablar con Marina. Quizá ella me contara algo de Lucas. Claro que era su hermana, por lo que no me diría nada malo seguro. Aparte, me sentía incapaz de preguntarle nada directamente. Ni siquiera sabía si Marina estaba enterada de mi cita de la noche anterior. Mejor no decir nada por el momento no fuera a tener que arrepentirme…

Al entrar pude comprobar que, efectivamente, llegaba la primera. Había poca gente en ese momento y Marina me saludó con la cabeza desde detrás de la barra y me hizo señales de que me acercara.

–Hola Cielo –dijo mientras secaba unos vasos.– Qué pronto llegas hoy, ¿no?

–Sí, bueno, hoy no tenía demasiado lío –mentí,– así que por lo que veo llego antes que las demás.

–Aha, hoy toca reunión pues –comentó sonriendo. Marina estaba enterada de nuestro método para quedar por sms ya que Cris, por supuesto, se lo había contado.

–Sí –contesté sonriendo.

–Espero que ninguna tenga problemas.

–No, no, para nada. Todo está bien. No pasa nada de lo que haya que preocuparse.

–Me alegra saberlo –respondió.

–Voy a ir sentándome, veo que nuestra mesa está vacía.

–Me parece muy bien, ¿te llevo algo Cielo? –preguntó mientras seguía secando vasos.

–Un latte cuando puedas, gracias –dije intentando sonreír.

Empezaba a notar el cansancio de haber dormido poco junto con la resaca de haber bebido más de la cuenta. En circunstancias normales me habría sentido alegre, plena, quizá algo eufórica… pero no era el caso. Entre que no había visto a Lucas por la mañana, no había sabido de él en todo el día (algo obvio pues no le había dado mi teléfono) y el comentario de Javi, una extraña sensación, parecida a tristeza mezclada con unas gotas de decepción y aderezada con un fugaz “otro más como todos” me invadía.

Me senté en nuestra mesa a la espera de que llegaran las chicas y mi latte cuando, de pronto, me sonó un aviso de sms. Cogí el móvil sin ganas y casi se me cae al suelo cuando veo que de un número desconocido me habían escrito:

“Buenas tardes,
espero que haya usted pasado un buen día tras una noche fantástica, aunque quizá no muy indicada un domingo previo a un lunes laborable. Espero que no me odies mucho, con que solo sea un poco me doy por satisfecho.
Un admirador secreto ;)”

Me quedé como embobada mirando la pantalla. Saa quién me enviaba el mensaje. ¿De dónde había sacado mi número? Todo mi cuerpo se estremeció y se me puso cara de tonta sonriendo como si me hubieran liberado de un peso que me oprimía el pecho con fuerza… “es él, y ha pensado en mí”.

No hay comentarios:

Publicar un comentario