viernes, 18 de diciembre de 2015

35- Cabreada por cabrearme

Las cuatro mirábamos absortas la pantalla de mi móvil... Tras mucho escribir y borrar, el whatsapp al fin parecía haber quedado al gusto de todas:

"Buenas tardes Sr. Admirador Secreto,
 muchas gracias por interesarse por mi bienestar hoy. He pasado un día muy agradable aunque reconozco que algo cansada después de la fantástica velada de anoche. Te odio un poco, pero creo que mereció la pena. 
Su Admirada Secreta"

–Bueno chicas, lo mando ya. Tres, dos...

–¡Espera! – Cris me agarró fuertemente del brazo.- ¿No creéis que eso de "Admirada" queda un poco pedante?

–¡Para nada! –gruñó Alex, que había tenido la idea de firmar de ese modo que a mí me parecía que tenía su gracia.

–No, me parece que está bien. Le devuelves el mismo tono con el que él escribió. Lo mismo que hemos hecho al poner "fantástica" noche, tal y como él la describe –dije ya cansada de analizar el texto y con ganas de enviarlo de una vez. Le habíamos dado tantas vueltas que ya ni me importaba cómo había quedado, sólo quería mandarlo. Así que, sin previo aviso le di a "enviar".

–¡Hecho! –grité triunfante. Nunca me hubiera imaginado que iba a trabajar tanto en un miserable whatsapp, ni que las chicas se esforzarían tantísimo en ayudarme. De pronto me sobresalté, había quedado para cenar con Javi.

–¿Qué hora es? –dije con el corazón en un puño. No podía volver a dejarle colgado otra vez. Miré el móvil, eran las nueve menos cuarto. –Chicas, ¡me tengo que ir pitando!– Dije mientras me ponía en pie de un salto y buscaba la cartera para dejar mi dinero.

–¿A dónde vas tan deprisa? –preguntó– Victoria con cara sorprendida.

–He quedado para cenar con Javi y ayer ya le dejé colgado... Bueno, ya lo sabéis porque os lo encontrasteis en casa, o eso me ha dicho.

–Sí, vino cuando te acababas de ir y, por cierto... –Alex quería explicarme lo de que Javi llegó con las pizzas, ya lo sabía, pero iba a llegar tarde y no quería que pensara que volvía a olvidarme de él.

–Sí, sí, lo sé, sé que llegó con las pizzas y todo eso... no pasa nada, ahora compro unas para compensarle.

–No hará falta que le compenses nada, creo que alguien se ocupó de él ayer –soltó Cris con una sonrisa pícara en la cara.

Esa respuesta me paró en seco. Las miré a las tres y me di cuenta de que algo había pasado.

–Bueno, ¿alguien va a aclararme de qué va todo esto?

–No pasa nada –dijo Alex como nerviosa. —Ayer cuando llegó Javi con las pizzas, al ver que no estabas quiso dejárnoslas. Yo le dije que se las llevara y las aprovechara con alguien y me pidió que por qué no le acompañaba…

–Ahí te dejamos nosotras –indicó Cris sonriendo y mirando a Victoria,—así que también nos preguntábamos cómo había acabado “tu” noche.

Debó reconocer que mi primera reacción fue quedarme petrificada y fuera de juego. Alex, “mi” Alex, se había ido a cenar con Javi, “mi” Javi… ¿y?

–No saquéis las cosas de contexto –se defendió rápidamente ella.—Simplemente fuimos a su casa a comer pizza y estuvimos hablando.

–¡¿Fuiste a cenar a casa de Javi?! –me oí preguntar con una voz algo más aguda de lo que normalmente mi voz me parecía. –Pero si nunca le has soportado. ¡Siempre has dicho que es un prepotente patético! –objeté indignada, muy a mi pesar, sin saber muy bien el porqué de mi indignación.

–No es cierto, eso solo lo comenté una vez hace muchísimo después de una fiesta en tu casa y, si no recuerdo mal, Cris me secundaba.

–Venga, venga, queremos detalles –Cris seguía pinchando y no se rendiría tan fácilmente.

–No seas mala –le reprendió Victoria sin poder disimular que se estaba divirtiendo.—Quizá esto moleste a Paula…

De pronto las tres miradas se habían posado en mí y yo no sabía qué sentía, ni qué contestar.

–Sabéis perfectamente que Javi es mi mejor “amigo”, como un hermano.

–Si, bueno, pero vuestra relación siempre ha sido difícil de entender desde fuera –observó Cris, mientras Victoria asentía y Alex la miraba con cara de odio.

–¿Cómo difícil? Es una relación de amistad. Es un amigo al que quiero mucho y le cuento muchas cosas… vosotras ya sabéis cómo va… pero no sentimos atracción el uno por el otro.

De todos modos da igual –me interrumpió Alex,– ayer no pasó nada que merezca comentarios. Comimos pizza, bebimos un buen vino y hablamos mucho… Me sorprendió que no es como lo imaginaba… un tío engreído y cantamañanas. Es realmente inteligente e interesante.

–Eso he dicho yo siempre, pero ¡a vosotras no os daba la gana de escucharme y siempre os metíais con él!—exclamé con mi indignación in crecento.

–Paula, tienes que reconocer que Javi cuando quiere puede proyectar una imagen difusa –sentenció Cris.

En ese momento sentía un cabreo importante y, lo peor, me cabreaba estar cabreada porque no sabía por qué sentía eso. Javi era “mi” amigo y nunca se había llevado muy bien con las chicas. Ni él las tragaba, ni parecía que ellas pudieran con él, y yo siempre había intentado poner paz y entendimiento entre ellos. Finalmente se toleraban, siempre con algún comentario jocoso hacia el otro. Así que, el hecho de que se hicieran “amigos” debería alegrarme. Pero la sola idea de imaginarme a Alex sentada en el sofá de Javi bebiendo vino con él se me hacía… molesto… Me molestaba y no entendía ¿qué me estaba pasando? Demasiadas cosas nuevas para mí en muy poco tiempo, tenía que ser eso.

lunes, 14 de diciembre de 2015

34- Decidiendo qué decidir

No acabábamos de ponernos de acuerdo entre las cuatro. Alex recomendaba no contestar al mensaje de Ojos Rasgados. Bajo su punto de vista tenía que hacerme la dura y misteriosa, no dejar que pensara que me tenía ahí segura. “A los tíos hay que ignorarlos lo máximo posible, ese es el secreto que las mujeres no acaban de entender. Cuanto más pasas de ellos más encima de ti están”. Tengamos en cuenta que esto lo decía una mujer que tenía un éxito notable con los hombres, a la que literalmente se le tiraban encima, así que su consejo ¿era aplicable a todo tipo de mujer? ¿Las normales, las de andar por casa, también podían permitirse hacer eso? Yo no acababa de verlo muy claro…

Por otro lado, Cris pensaba que sí debía contestar pero haciéndome la interesante. Debía dar señales sin dejar que se viera que estaba mucho por él. Otra contradicción, mostrar interés sin mostrarlo… “Y ¿por qué no puedo ser yo misma?”. ¿Por qué hace falta tanta estrategia, tanto fingir, tanta tontería? No poder sentirse libre es bastante frustrante. Todo esto me hacía sentir que para que Lucas mantuviera su interés por mí tenía que ser un fraude, dejar de ser yo y empezar a actuar según unas reglas, algunas absurdas para mí, con el fin de  conseguir se atención.

Victoria, que decía no estar inspirada, me aconsejó que hiciera lo que mi cuerpo me indicara  que era lo mejor. ¿Qué me pedía? “Pues el cuerpo me pide que le llame y le diga que en quince minutos le veo en mi casa para volver a desvestirle y hacer el amor con él hasta mañana. Volver a sentirle, su aliento, sus besos, sus caricias, sus manos sobre mí…”

¿Me estaba volviendo loca o qué? Nunca había experimentado un deseo tan fuerte e intenso por nadie… ¿Era este el famoso enganche físico del que había oído hablar? ¡A mí no me pasaban esas cosas! Aunque no podía negar que solo pensaba en la noche que habíamos pasado juntos y deseaba que se repitiera mil veces. Así que estaba enganchada, era eso. No me gustaba nada la sensación porque me sentía llena de angustia, no sabía cómo reaccionar. Quería ser yo misma pero me daba miedo meter la pata y no volver a verle. ¿Quizá debía esperar a ver a Freud y pedirle su opinión como hombre? La idea no acababa de convencerme. Javi a veces era demasiado protector e, incluso, a veces, posesivo y no sabía hasta qué punto podía fiarme de él en esto.

¿Qué me decía mi interior? Pues por un lado me decía que no perdiera un solo segundo más en contestar y que le dijera algo para que supiera que yo estaba “allí”, receptiva. Por otro, la idea de hacerle esperar me seducía también. ¿Y si él estaba ansioso como yo? Imposible, un hombre no es como una mujer. Ellos no se complican la vida como nosotras, son prácticos, Lucas tenía pinta de ser muy, muy práctico. No me lo imaginaba pensando obsesivamente en mí, ni pasando un mal día en el trabajo. Todo lo contrario, estaba muy seguro de sí mismo, por eso me había enviado un mensaje sin decir que era él. Probablemente ya sabía que me tenía “atrapada” bajo su embrujo maligno de hombre irresistible y, cuando pensaba en eso, me daba mucha rabia.

En un momento dado me vi con la mirada de mis tres amigas y compañeras de fatigas clavadas en mí esperando mi reacción. No acababa de decidirme… Pero algo dentro de mí me decía que contestara, que diera alguna señal, que no me mostrara indiferente o quizá no volvería a saber de él.

–Chicas, agradezco mucho vuestros consejos… pero el cuerpo me dice que conteste algo y, además, que sea algo honesto.

Sabía que había dicho la palabra mágica que nadie es al principio, “honestidad”. No iba a mostrar todas mis cartas, ni mucho menos. Podía mantener un tono gracioso como el suyo. Pero lo que no haría era no ser yo misma, fingir ser otra persona, decir tonterías que se esperara o no que dijera.

–¿Alguna sugerencia de cómo puedo empezar el mensaje? –dije con cara de desesperación.